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9 Consejos para una vida sin prisas

1. Determina qué es importante y elimina lo demás.
Identifica cuatro o cinco cosas que son básicas para tu bienestar. Verifica si ya forman parte de tu día a día y si no, trata de integrarlas a través de actividades, tareas, proyectos y compromisos. Antes de dormir, planea el día siguiente y asegúrate de que al menos tres de ellas estén presentes en tu rutina.

2. Visualiza tu día perfecto, desde que te levantas hasta que vas a dormir.
No quiere decir que la perfección se haga realidad, sino que, al visualizar lo que para ti es importante, podrás comprender cuál es el sentido de cada actividad. Se trata de mantenerte enfocado en el objetivo sin perder energía en actividades o detalles que no contribuyen con tu bienestar (por ejemplo: engancharte en discusiones ajenas). Ten a la mano tu lista de objetivos diarios y, si puedes, escribe a un lado el sentido de cada actividad.

3. Di NO a los compromisos extra.
 Una vez que identifiques lo importante y lo empates con lo que consideras tu día perfecto, evalúa qué actividades contribuyen a tu bienestar y cuáles solamente añaden estrés (tip: casi siempre tienen que ver con expectativas ajenas y presión social). Elimina paulatinamente lo que te distrae de tus objetivos, de manera que el cambio de actividades no implique tensiones que no necesitas.

4. Limita tus tareas. 
 Cada mañana, mientras te arreglas o preparas el desayuno, revisa mentalmente las tres tareas que elegiste y comprométete a cumplirlas. Si te organizas bien, dejarás de actuar sobre lo que es urgente para dedicar tiempo y espacio a lo importante.

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5. Elimina las distracciones.
  ¿Has notado que a veces te toma más tiempo del requerido hacer ciertas tareas? Tal vez estás siendo muy perfeccionista o hay factores que te interrumpen. Cuando hagas tu lista de tareas, asígnales tiempo limitado y respétalo. Conságrate por entero a esa tarea, desconecta el internet o no abras los sitios que no necesitas, pon tu teléfono en silencio y avisa a los demás que no estarás disponible durante ese rato.

6. Baja el ritmo.
A veces tenemos tanto que hacer que comenzamos a correr de una actividad a otra, acelerando el curso de los procesos y presionando a los demás; esa tensión genera errores, roces y malos entendidos que afectan tu digestión y hasta tu ritmo de sueño. El mundo no se va a caer, tómalo con calma; conforme avances en tus tareas, haz pequeñas pausas para respirar y sonreír, siéntete satisfecho con los avances y disfrútalos antes de seguir con la próxima tarea.

7. Deja atrás las multitareas.
Haz una, y solamente una tarea con plena conciencia, enfoque y concentración; respira con tranquilidad y verás que fluye mejor. No puedes evitar que tu mente comience a viajar o a planear el futuro, así que no te opongas a que ocurra, solo obsérvalo y vuelve a lo que estabas haciendo. Es una forma de aprender a vivir en el presente.

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8. En tu lista de tareas, crea un espacio para pequeños pendientes, como responder los mails personales, clasificar tus facturas, poner la lavadora. Reserva un tiempo para esas tareas y busca que no interfieran con lo importante (como suele ser más complejo, cualquier pequeña distracción es una invitación a postergarla). Si puedes, realiza los pequeños pendientes de un solo impulso, en bloque, y ubícalos en el momento del día en el que tu energía comience a bajar, así reservarás tu periodo de mayor concentración o creatividad para las tareas importantes.

9. Crea intermedios.
Una cosa es el tiempo que imaginas que va a tomar una actividad, y otra, muy distinta, es cómo se ocurre en la realidad. Muchas de las tareas implican relacionarse con otras personas o trasladarse de un sitio a otro. Incluye esos tiempos en tu plan del día y deja un espacio libre antes de iniciar una actividad nueva. Ponte de pie, da una vuelta a la cuadra, toma un vaso con agua o respira tranquilamente con los ojos cerrados. Esos espacios ayudan a que tu energía y tus pensamientos se reorganicen.