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¿Cómo abordar una curación con homeopatía?

Explicamos de forma general cómo abordar un tratamiento homeopático.

Fuente: Abchomeopatia

Una de las bases de la homeopatía es la individualización de cada uno de los tratamientos.
Cada persona es única y única es su enfermedad y su forma de padecerla.

Los síntomas que manifiesta, enmarcados en su personalidad, revelan al homeópata experto un camino de desequilibrios en su paciente que, a lo largo de su vida, han ido originando, diversos síntomas físicos, psicológicos y emocionales.

Cómo si de un ovillo se tratase, el profesional homeópata irá tirando del hilo y afrontando cada uno de los desequilibrios y sus síntomas asociados, empezando por los más recientes, con el objetivo de llegar al más antiguo, al inicial, al punto que ha ocasionado que el paciente empezase a enfermar.

Por este motivo es frecuente que, después de tratar determinados síntomas en una persona, reaparezcan otros que permanecían latentes, que habían sido aplacados o relegados por unos nuevos síntomas que surgieron, y ahora, tras ser solucionados los últimos en aparecer, resurgen los primeros. He aquí la importancia de ponerse en manos de un profesional de la homeopatía que pueda supervisar todo el proceso, dando en cada momento el remedio adecuado para recuperar el estado de salud de su paciente.

Así pues en este artículo simplemente vamos a explicar de forma general los pasos que un tratamiento homeopático aborda para tratar a una persona:

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– En primer lugar se tratan los síntomas agudos que presente, normalmente los que motivan la visita al homeópata. Estos síntomas agudos pueden ser recidivantes, es decir, son síntomas que aparecen de forma recurrente, una y otra vez.

Para éstos síntomas agudos se buscará el remedio que incluya síntomas lo más parecidos a los del paciente. Puede coincidir con que sean síntomas incluidos en el propio remedio policresto o constitucional adecuado a la persona a tratar, o puede ser que no coincida.

Para tratar los síntomas agudos se administrarán los remedios a una baja dilución, 5 ch o 7 ch, y en dos o tres tomas diarias (más si es un síntoma doloroso o febril) y durante unos cuantos días, mientras dure el síntoma, dejándolo de tomar en cuanto éste desaparezca.

– Aquí puede ser necesario prescribir un remedio organotrópico, es decir, un remedio específico para el órgano que presenta el síntoma agudo con el objetivo de equilibrar y fortalecer la función de dicho órgano. Son remedios que se administrarán a diluciones medias como 9 ch o 15 ch y puede ser suficiente con dos o tres tomas por semana durante un par de semanas.

– Una vez controlados los síntomas agudos, e incluso antes si se ha comprobado que el remedio sintomático va ya surgiendo efecto, se administrará una dosis de un remedio de fondo, a menudo un policresto que claramente coincide con el paciente en sus síntomas físicos y mentales así cómo en las características generales. Este suele administrarse a la 30 ch y una vez a la semana.

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– Por último, y para finalizar el tratamiento se administraran unas dosis o incluso una monodosis del remedio constitucional. Éste debe ser administrado a una alta dilución, 30 ch o 200 ch y una vez cada dos, tres o cuatro semanas, según estime el homeópata.

Puede ser un caso sencillo donde todas estas fases puedan ser cubiertas con un sólo remedio, es el caso de la mayoría de los niños dónde por su corta edad el proceso degenerativo de la enfermedad apenas se ha iniciado. Puede que un sólo remedio cubra varias de las etapas descritas, sindo suficiente con dos remedios, o puede ser que se necesite un remedio distinto en cada una de ellas, siendo importante, sobre todo en estos casos, una prescripción programada de forma adecuada, separando las tomas de los distintos remedios.

En todo caso, lo correcto es que sea nuestro homeópata de confianza quien establezca qué remedios, qué dilución y qué frecuencia es la adecuada para cada paciente.