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Cuándo la queja puede servirnos para liberar frustración

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Quejarnos es una de nuestras conductas favoritas. Nos quita estrés, permite descargar nuestra frustración y muchas veces nos da ese punto de energía que necesitábamos para afrontar los problemas. Sin embargo esto puede resultar con un impacto negativo si no podemos manejarlo y se vuelve parte de nuestros hábitos.

¿La queja puede ayudarnos a liberar la frustración?

¿En qué punto la queja se puede convertir en algo beneficioso en nuestra vida? Solo necesitamos comprender cómo funciona exactamente nuestro pensamiento y aplicarlo a los problemas que nos vayan surgiendo.

1 -No hay una queja igual a otra

Esta es la máxima que debemos aceptar cuando tratamos de usar las quejas para nuestro beneficio. Aunque sean parecidas todas las quejas tienen una pequeña parte distinta en su fondo. No es lo mismo quejarnos por un accidente cotidiano en casa que por un problema surgido en el trabajo, aunque en ambos hayamos dicho las mismas palabras en voz alta.

Debemos distinguir el tono emocional en el que nos quejamos . Una queja aislada no nos servirá de nada, pero si nos encontramos enfadados y nos damos cuenta que quejarnos nos ayuda a relajarnos debemos aprovecharlo. Clasificar cómo nos sentimos en cada momento sería muy costoso, solo necesitamos darnos cuenta de los momentos álgidos antes de que liberemos nuestra frustración de una forma equivocada.

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2 -Poniendo en práctica la queja como recurso

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Solo tenemos que ponernos en situación para comprender cómo funciona. Si ya estamos muy activos emocionalmente y aparece un problema con otra persona exageraremos nuestra reacción, pero si ese enfado lo hemos focalizado en una queja superflua anteriormente estaremos ‘descargados’ de tensión, reduciendo la posibilidad de complicarnos con esa persona que no tiene culpa de nada. Sería como quejarnos de que no hay con qué endulzar el café en vez de echarle la culpa más tarde a un compañero por no habérnoslo guardado.

No es negativo exagerar un poco una queja concreta. En momentos donde nos sintamos muy frustrados podemos descargar nuestra ira en un elemento anodino que nos haya molestado, evitando arrastrar ese enfado durante más tiempo. Es habitual que volvamos del trabajo hastiados, irascibles con todo lo que nos rodea sin saber cómo relajarnos. Tratar de desconectar no siempre es fácil, y meternos en la cama en ese estado hará que pasemos mala noche. Quejarnos en voz alta incluso estando solos será un ejercicio reconfortante para nuestra mente y nuestro estado de ánimo.

3 -Tan útil como escasa

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Por último no debemos olvidar que para solucionar nuestros problemas de frustración hay métodos más eficaces que la queja. Quejarnos puede sernos útil en contadas ocasiones, no debe convertirse en nuestro principal recurso. Aunque parezca que ya seamos capaces de diferenciar nuestras quejas a la perfección y de ponerlas en práctica cuando las necesitamos habrá momentos en los que se escapen de nuestro control, produciendo que nos sintamos peor de lo que estábamos.

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Es importante también no forzarnos en las quejas que tengamos. Si algo realmente no nos molesta tanto no tenemos que ir más allá. El raciocinio no debemos perderlo nunca, si nos sentimos mal sin tener que ver con nada más, es mejor no desviar nuestra atención a otros problemas para quejarnos de ellos y descargar nuestra frustración.

Puede servirnos como recurso momentáneo, pero el malestar que sentimos por dentro volverá con el tiempo, siendo incapaces de actuar ante él por haber estado aplicando una estrategia pobre para ayudarnos.

Redacción: Equipo de Vida Lúcida