Ciencia

La ciencia juzga a lo paranormal.

Juzga la ciencia

Frente al tema paranormal, específicamente en lo referente a fantasmas y casas embrujadas, la ciencia ha sido taxativa. Los fenómenos paranormales no se pueden someter al método científico, lo que no los hacen creíbles. Aunque no existe un consenso absoluto dentro del mundo científico respecto a la factibilidad de lo paranormal, por norma general se declara que son fenómenos propios de épocas pasadas, ya que hasta el momento nadie ha podido comprobar empíricamente alguno de estos casos.

De esta opinión es el físico Germán Kremer, quien actualmente dicta clases en la Universidad de Chile. Para él, la creencia en este tipo de cosas “se debe a alguna inclinación mental de las personas a encontrar algún apoyo o bastón que les ayude a enfrentar la vida real. Sin lugar a dudas, esto genera un retroceso intelectual en las personas”. En cuanto al tipo de fenómenos que hemos descrito en este reportaje, el físico establece la imposibilidad de estudiarlos rigurosamente, ya que “es difícil comprobar lo que nos está diciendo una segunda o tercera persona; incluso, este tipo de cosas puede ocurrir gracias a una crisis de fe”. Y aunque reconoce que quedan muchas preguntas por plantear y responder por la ciencia, ninguna de ellas pasa por los fenómenos paranormales. “La mayoría de las veces se encuentra una respuesta concreta cuando se trata de animismo, piroquinesis o encantamientos. Cuando no encontramos la verdad es porque se nos ha ocultado información o bien, porque ésta proviene de personas psicológicamente inestables”, señala Kremer.

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De similar razonamiento es el siquiatra Jorge Quiroz, para quien el tema de los fantasmas y casas embrujadas – como todo fenómeno paranormal- “son un conjunto de hechos, que aunque en estos momentos algunos nos parecen inexplicables, la ciencia aclarará en el futuro y dejarán de pertenecer al terreno fantástico. Sin embargo hoy son eventos que se acercan al ámbito de lo poco creíble”. Frente a los casos de Quinta Normal, Ñuñoa, Santiago Centro y Viña del Mar, Quiroz señala que los posibles padecimientos siquiátricos no pueden ser globalizados, y menos catalogados rigurosamente, pues “no es posible hacer un acto de análisis en torno a los hechos, ya que se pueden deber a múltiples factores”. Respecto a la comunicación onírica establecida entre personas que afirman tener contacto con un ser querido fallecido, el profesional se encoge de hombros declarando que “simplemente corresponden a sueños, como los hay muchos. Pueden obedecer a escapes o fantasías del inconsciente. Tal vez el fenómeno pueda existir, pero no se puede comprobar su certeza porque hasta el momento los hechos están fuera del alcance del método científico”. En cuanto a los casos de piroquinesis dice que “desde el punto de vista de la ciencia médica, existen muchas formas de canalizar la energía vital, sean adolescentes, niños o adultos, pero la psicopirosis -definitivamente- no forma parte de ellas”. Y frente a todas aquellas personas que aseguran ver fantasmas, escuchar voces de ultratumba y otras cosas, Quiroz sostiene que en ese campo la medicina ha trabajado bastante y asegura que está claramente identificado que el caso de apariciones de difuntos, “suceden en cuadros de duelo, que se complican en un episodio depresivo mayor y cuadros depresivos sicóticos, a raíz de los cuales las personas creen ver y escuchar a los seres que ya han muerto”. Sin embargo, ¿es posible que en las regiones menos exploradas del cerebro se originen esta clase de fenómenos o habilidades paranormales?

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Para el físico Germán Kremer, esta alternativa parece posible “aunque no tengo certeza de ello. Por ejemplo, se dice que el pensamiento viaja más rápido que la velocidad de la luz (300 mil kilómetros / segundo). Ahora, en cuanto a que exista algún tipo de comunicación que trascienda la palabra escrita o hablada, creo que sí es posible, aunque no hay base científica para pensar así”. Como vemos, la ciencia tradicional aún no acepta los fenómenos paranormales, aunque tampoco descarta la posibilidad que en un futuro, estos sucesos dejen de atribuirse a fuerzas ocultas y encuentren una explicación física, como se hizo con la lluvia y otros fenómenos climáticos, que en alguna época fueron atribuidos a las fuerzas celestiales.