Ciencia

La percepción de la realidad.


La forma en la que la subjetividad humana está adueñada de sí misma culmina en la consciencia reflejada de un “yo” que no solo conoce lo que hay fuera de él, sino que a la vez se conoce en alguna manera a sí mismo.
La estructura de esta conciencia muy difícil de definir, pero vagamente describible en principio como un tener noticia o “darse cuenta de”, ha sido muy estudiada en los tiempos modernos por una corriente filosófica que se conoce con el nombre de fenomenología. Los representantes principales de esta corriente, Franz Brentano y Edmund Husserl, se ocuparon de poner en manifiesto que la propiedad esencial de la conciencia es la de estar siempre referida a algo, la de ser “consciencia de”, esto es, la de ser intencional. En efecto, ser consciente implica necesariamente serlo de algo, de algún objeto, sea el que sea, a la vez que toda la conciencia humana cabal implica el conocimiento explícito o tácito, de que esa conciencia de algo lo es también de alguien.

Ahora bien, esa conciencia que es siempre “de algo de alguien”, posee evidentemente una estructura funcional muy variada. Primariamente, la relación intencional de la conciencia con el mundo se lleva a cabo a través de una sensibilidad que capta de diversas maneras la realidad exterior.

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Esas maneras son justamente las percepciones, los modos de la sensibilidad en cuya virtud las estimulaciones exteriores se le aparecen al hombre configuradas como mundo.

¿Percibe el hombre las cosas tales como son?

Evidentemente no, o, al menos, no siempre.
Las ilusiones perceptivas, ópticas, táctiles o auditivas nos muestran de forma palmaria que nuestra percepción de la realidad no es siempre fidedigna…

El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son y de las que no lo son, y algo así, en verdad, parece ocurrir con la actividad perceptiva humana.

Seguirá en el próximo post. Hasta entonces.