Psicología Superación personal

Nunca debes adaptarte a lo que no te hace feliz

Muchas veces suele ocurrirnos que nos adaptamos a algo que no nos hace felices, como alguien que se oculta en un pozo sólo porque piensa que ese es su tamaño, y muy pronto descubre que no puede caminar, correr ni volar. La felicidad no debería por lo tanto oprimirnos, ni sofocarnos, sino que debe permitirnos ser libres, debe servirnos de guía y como un luz que ilumine nuestro propio camino.

“La felicidad es cuestión de mantenerte ocupado”

Nos adaptamos para sentirnos seguros

Casi podríamos decir con certeza que muchos de nosotros nos adaptamos a nuestras rutinas cotidianas, conscientes de que no nos hacen felices, como usar la misma marca de zapatos, aunque nos den ampollas. Es como estar en una noria que nunca deja de girar. El mundo y la vida abajo, excitados y perfectos, continúan sucediendo, inaccesibles y alegres, mientras que cautelosamente permanecemos en nuestra rutina.

Cuando éramos niños , nuestros padres atarían nuestros zapatos con un doble nudo para que no vinieran desatados, haciendo que tropecemos y nos caigamos. Nos metían arropaban con mucho cuidado, cerraban nuestras chaquetas todo el camino para que no pasemos fríos y estemos más protegidos.

Había muchas veces cuando nos sentimos incómodos con toda esa presión corporal, pero lo que nos hizo sentir era la seguridad. A medida que envejecemos y adquirimos responsabilidades de adultos, la necesidad de sentirnos seguros permanece con nosotros. Sin embargo, la tendencia indefinible a buscar la seguridad continúa, y a menudo conduce nuestra conducta directamente por nuestra conciencia.

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Adaptarnos nos asegura la supervivencia

no deberías acostumbrarte a lo que no te hace feliz

Por extraño que parezca, la forma más sencilla de abordar esta necesidad es con nuestro cerebro . A nuestro cerebro no le gusta el cambio, el riesgo, y mucho menos las amenazas. Es lo que nos susurra a “adaptarnos aunque no estamos felices, porque la seguridad garantiza la supervivencia“. Sin embargo, y debemos tener esto muy en claro, la adaptación no siempre va de la mano con la felicidad.

Hay quienes se quedan en una relación de pareja aunque no haya amor, sin que haya una relación de confianza, mucho menos felicidad. Para algunos, lo más importante es escapar de la soledad y para ello no dudan en adaptarse a una vida que si bien no es amorosa ni feliz, los mantiene a salvo.

Lo mismo sucede a nivel secular. Muchas personas optan por mantener la cabeza baja. Alguien dócil, manejable, alguien que baja sus habilidades y educación cuando prepara su currículum, porque sabe que es la única manera de adaptarse a la jerarquía de la compañía.

Triste pero acostumbrada

Es como si estuviéramos programados para sobrevivir a cualquier precio, sin necesidad de que eso nos cueste la felicidad o el sentido de explorar nuevos caminos. Sin embargo, no se puede producir un cambio sin el deseo irrefrenable de conseguir algo mejor, y para ello hace falta tener muy en claro a qué clase de situación nos hemos adaptado, y cuales serían los verdaderos beneficios de desafiarnos a nosotros mismos para descubrir la felicidad.

“Donde no puedas amar no te detengas” Frida Kahlo

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