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Por qué necesitas dejar de ver tu teléfono todo el tiempo


Por Dani Marie Robinson

Acabo de ver a dos personas cruzar a través de una concurrida calle de Chicago, mientras están perdidos en el mundo de sus teléfonos. Poco después de que cruzaban por el paso peatonal, taxis y otros vehículos hacían sonar violentamente sus claxons, asustando a estos peatones obsesionados con su tecnología a un punto inquietante. Agarrándose el pecho y tomando unas cuantas respiraciones profundas, estos caminantes siguieron su cruce sólo para elegir volver a entrar en el ámbito digital una vez se encontraban a salvo al otro lado de la calle.

Así he sido yo. He sido esa persona tan absorbida por la pantalla táctil, tan absorta en un mundo de millones, que estoy descuidando el mundo que yo realmente vivo. Claro, puedo estar presente y centrada por definición, pero ¿a qué costo? A costa de mi memoria, mi conciencia verdadera, incluso mis relaciones.

Hago mi mejor esfuerzo para poner el teléfono lejos cuando paso tiempo de calidad con los demás, pero porque todos vivimos en el mismo mundo y todos usamos estos dispositivos, todos tenemos la misma extraña adicción a ellos. Somos tolerantes con los demás como nos comunicamos con los demás, menos con los que estamos.

Más allá de los inquilinos más básicos de la memoria que se utilizan para recordar números de teléfono, direcciones, cumpleaños y detalles de tus seres queridos, etc., se encuentra una correlación directa entre la cantidad que usamos nuestro cerebro y lo mucho que los sustituimos con nuestro móviles.

Hay mucha gente con la qué sustentarnos en la vida real, las relaciones implican mucho más que textos, memes y fotos de gatos adorables. Hay extraños en el tren, el autobús, en la cafetería y en el ascensor que podría beneficiarse de nuestra participación directa. Una sonrisa, una palmada suave en la parte posterior, un pequeño elogio; todas estas son oportunidades que perdemos cuando estamos perdidos en nuestros dispositivos y desacoplos de la vida real.

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Un artefacto a la vez. Si estoy escribiendo en mi computadora, me centro en una sola herramienta, salvo la batería en mi teléfono, salvo mi mente de ser fragmentada. Estas herramientas hacen la multitarea demasiado fácil, y yo prefiero hacer bien una sola tarea.

No hay teléfono mientras se come. Alimentar mi cuerpo es un ritual y una que merece toda mi atención principal. A menudo comparto este ritual bendecida con los demás, que merecen mi contacto con los ojos y conciencia también.

Un universo a la vez. Yo nunca haría uso de mi teléfono mientras enseño, no me gustaría hacerlo, pero si estoy fuera de casa, caminando por las concurridas calles de Chicago,  es suficiente para mantenerme entretenida, no necesito mirar a una pantalla y perder la oportunidad de la vida real.

No permitas que la tecnología sea una cura para el aburrimiento. Ahora designo tiempos para ponerme al día sobre las noticias y otras reflexiones en línea. Mi rutina matutina incluye té, desayuno, un paseo con los perros  y una revisión en línea. No hay tal cosa como estar entre eventos. Ahora puedo encontrar formas más útiles para gastar valioso tiempo y energía más que estar en Facebook una y otra vez.

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Involúcrate más con la gente en la habitación que con las personas dentro de la pantalla. No interrumpas una conversación en tiempo real para responder a un texto o de correo electrónico. Esto puede parecer obvio, pero es algo que yo he hecho en el pasado, como si el dispositivo fuera a explotar si no atiendo a esa persona de inmediato.

Usa herramientas, Internet y los medios sociales para difundir conocimientos, el optimismo y el amor, nada más. No debería derivar mi sentido del yo o recoger cualquier visión real de mis relaciones a través de la interweb.

Pasa más tiempo mirando a los ojos de los seres humanos, escuchando sus voces, absorbiendo la belleza de la Tierra a medida que cambia todos los días, en vez de mirar a través de una lente filtrada en la vida de otros.

Si resuenas con cualquiera de estas distracciones comunes, estoy segura de que encontrarías tu propio equilibrio con tus propias intenciones cuidadosamente elaboradas. Así como en algunas diciplinas orientales o espirituales, buscamos dominar la mente, filtrar a través de las distracciones, tamizar a través de tonterías para que podamos estar claros. Todo lo que se necesita es conciencia. Nota tu propia experiencia en la vida cotidiana y si es necesario volver a calibrar, date permiso y ajusta.

Me encanta este pequeño loco mundo del que todos somos parte, y estoy muy emocionada de ver a dónde la tecnología nos puede llevar, pero no a costa de la vida real. Yo no quiero ser testigo de una vida simulada; quiero vivir una.

Invetsigación y redacción de Vida Lúcida