Psicología

Robin Williams y una enfermedad desatendida, llamada depresión.

La depresión que afectó a Robin Williams, como a muchos otros famosos, quizás debería ser entendida de una manera diferente, a partir de ahora.

Robin Williams encarna el epítome de la maldición del payaso Augusto. Hizo reír a millones, pero no pudo mantenerse aferrado a “ese resbaladizo deseo de vivir”. No puede culpárselo: ser feliz –es decir, estar satisfecho– es una de las cosas más difíciles de la vida y, paradójicamente, también una de las más sencillas.

Llama la atención el aparente oxímoron (significado opuesto) que implica el concepto “payaso triste”, pero no es nuevo: la historia de las artes escénicas guarda numerosos ejemplos de “comediantes melancólicos”. Además, recientes estudios científicos resaltan la conexión que hay entre los procesos creativos y la depresión. Repasemos ambos fenómenos.

La creatividad se conecta con una suerte de tristeza, e incluso con depresiones graves. Igual que los actores Stephen Fry, John Cleese y Jim Carrey, Williams fue uno más de los humoristas que reconoció públicamente haber batallado contra la depresión.

La psicoterapeuta Amy Alpine comentó recientemente para la BBC: “Muchos cómicos tienen una personalidad introvertida y, para compensarla, utilizan el humor; pero puede ser agotador el parecer divertido todo el tiempo”.

En una entrevista con The Guardian en 1996, el mismo Robin Williams confesó: “Cada vez que te sientes deprimido, la comedia te sacará de ahí”.

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En la historia de la cultura abundan ejemplos de la correlación existente entre creatividad y personalidades depresivas. Algunos de esos ejemplo son Memorias del subsuelo , de Fiódor Dostoyevski; las Cartas a Theo (su hermano), de Vincent van Gogh; los Diarios de Lev Tolstói; las notas suicidas de Virginia Woolf y Alfonsina Storni… Además, hay estudios científicos que van más allá del estereotipo del genio atormentado.

Según Gordon Claridge, jefe del Departamento de Psicología Experimental de la Universidad de Oxford, “los elementos creativos necesarios para producir humor son sorprendentemente similares a los que caracterizan el estilo cognitivo de las personas que padecen esquizofrenia o trastorno bipolar”.

Asimismo, en enero de este año, un estudio realizado en la Universidad de Oxford sobre 30 escritores creativos y 30 sujetos de control (“normales”), mostró que los escritores creativos presentaban una incidencia mayor de desórdenes afectivos o trastornos bipolares que los sujetos de control.

Más allá del triste episodio de Robin Williams, su muerte debería sacudir las condenas que suscita la depresión, mal entendida enfermedad que afecta a 350 millones de personas en el planeta, según la Organización Mundial de la Salud.

Al respecto, el escritor Heriberto Rodríguez manifestó un hermoso deseo: “Así como, en el 85, la muerte de Rock Hudson trajo la enfermedad del sida a la luz pública, el suicidio de Robin Williams quizás haga que la enfermedad de la depresión sea vista con otros ojos por el gran público”.

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Fuente: lanacion.com