¿Hay posibilidad de que el hantavirus sea una pandemia similar a la causada por el COVID-19?

Aunque el brote actual a bordo del crucero de expedición MV Hondius (con al menos tres muertes y varios casos confirmados de la cepa Andes) ha generado preocupación legítima, los expertos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) y múltiples virólogos coinciden en que el hantavirus no tiene el perfil epidemiológico ni la capacidad de transmisión necesaria para generar una pandemia global comparable a la del COVID-19.

¿Qué es el hantavirus y por qué genera miedo?

El hantavirus es una familia de virus transmitidos principalmente por roedores (ratones y ratas). Existen dos síndromes principales:

  • Fiebre Hemorrágica con Síndrome Renal (HFRS) — predominante en Asia y Europa (letalidad <1-15 %).
  • Síndrome Pulmonar por Hantavirus (HPS o HCPS) — en las Américas, con letalidad de 30-50 % en muchos brotes.

A nivel mundial se estiman entre 10.000 y más de 100.000 infecciones al año, según la OMS. En Estados Unidos se han registrado menos de 900 casos confirmados desde 1993. En Sudamérica (especialmente Argentina y Chile) los números son bajos pero la gravedad es alta.

La cepa que circula en el brote actual del MV Hondius es el virus Andes (ANDV), endémico del sur de Sudamérica. Esta es la única cepa de hantavirus para la que existe evidencia documentada de transmisión persona a persona, aunque esta vía es extremadamente rara y requiere contacto cercano y prolongado (cuidadores familiares, personal médico sin protección adecuada o parejas íntimas).

Transmisión: el punto clave que diferencia al hantavirus del COVID-19

A diferencia del SARS-CoV-2 (que se transmite por aerosoles y puede propagarse de forma asintomática o presintomática a través del aire), el virus Andes no se transmite por vía aérea eficiente ni por contacto casual.

  • Estudios de brotes anteriores en Argentina (especialmente el de Epuyén 2018-2019, publicado en NEJM en 2020) mostraron un número reproductivo básico (R) promedio de 1,19. Antes de las medidas de control llegó a 2,12, pero cayó por debajo de 1 tras intervenciones. (Para comparar: el COVID-19 al inicio de la pandemia tenía un R0 estimado entre 2,5 y 6 según la variante y el contexto).
  • La transmisión persona a persona del Andes representa solo entre el 2 % y el 5 % de los casos totales de esta cepa. La gran mayoría sigue siendo zoonótica (de roedor a humano).
  • No existe evidencia de “superpropagadores” a gran escala ni de cadenas de transmisión sostenidas en la comunidad fuera de contextos muy específicos de contacto íntimo.

Maria Van Kerkhove, jefa de Preparación para Epidemias y Pandemias de la OMS, lo resumió claramente el 7 de mayo de 2026: “Esto no es COVID, esto no es influenza. Se propaga de forma muy, muy diferente.”

¿Por qué el hantavirus es poco probable que cause una pandemia como la del COVID-19?

Los expertos señalan varios factores biológicos y epidemiológicos que lo hacen poco viable:

  1. Alta letalidad que frena la propagación Una persona infectada con hantavirus grave suele enfermarse rápidamente y con síntomas muy evidentes (fiebre alta, dificultad respiratoria severa). Esto lleva a aislamiento hospitalario temprano o, en los casos fatales, a la muerte rápida. A diferencia del COVID-19, que permitía que personas asintomáticas o con síntomas leves siguieran viajando y contagiando, el hantavirus “se autolimita” porque los enfermos graves dejan de circular.
  2. Requerimiento de contacto cercano y prolongado No se propaga en aviones, metros, oficinas o eventos masivos como lo hizo el coronavirus.
  3. Sin transmisión asintomática documentada a escala Hasta ahora no se ha demostrado que personas sin síntomas puedan transmitir el virus Andes de forma significativa.
  4. Reservorio animal limitado El virus depende de roedores específicos. Sin un salto eficiente y sostenido a humanos con transmisión aérea, es muy difícil que escape de focos regionales.

El propio CDC y la OMS clasifican al hantavirus como un patógeno prioritario emergente por su gravedad, pero no como una amenaza pandémica global de alto riesgo como lo fueron el SARS-CoV-2 o el virus de la influenza pandémica.

El brote actual del MV Hondius: contexto importante

El brote a bordo del crucero (que zarpó de Ushuaia el 1 de abril de 2026) ha confirmado la cepa Andes. Se han registrado tres muertes (incluida una pareja neerlandesa que pasó cuatro meses viajando por Argentina y Chile antes de embarcar) y varios casos más. Es posible que haya habido algo de transmisión persona a persona entre contactos muy cercanos a bordo.

Sin embargo, la OMS ha reiterado que el riesgo para el público general sigue siendo bajo. Se está realizando rastreo de contactos en más de 12 países, pero hasta el momento no hay evidencia de transmisión comunitaria sostenida fuera del barco.

Conclusión: precaución sí, pánico no

El hantavirus, especialmente la cepa Andes, es un patógeno serio y letal que merece vigilancia constante, control de roedores y protocolos estrictos en entornos de alto riesgo (como barcos, hospitales o zonas endémicas). El brote del MV Hondius es un recordatorio de que estos virus existen y pueden afectar a grupos cerrados.

Pero no tiene las características necesarias para convertirse en una pandemia global como la del COVID-19.

La combinación de alta letalidad, baja transmisibilidad y dependencia de contacto cercano hace que su potencial pandémico sea muy bajo, según el consenso científico actual.

La mejor defensa sigue siendo la misma de siempre: evitar el contacto con roedores y sus excrementos, especialmente en zonas rurales o de camping en el sur de Sudamérica, y mantener protocolos de bioseguridad en entornos sanitarios cuando se sospeche un caso.