Puede vivir durante décadas en el estómago sin causar molestias evidentes. Muchas personas la adquirieron durante la infancia y nunca se enteraron de su presencia. Sin embargo, en otras puede provocar inflamación persistente, úlceras y cambios que, con el paso de los años, incrementan el riesgo de cáncer gástrico.

Se trata de Helicobacter pylori, una bacteria con forma curva o espiral que ha conseguido algo que parecía imposible: sobrevivir en el ambiente extremadamente ácido del estómago.
Se estima que infecta aproximadamente al 50 % de la población mundial, aunque su presencia varía considerablemente entre regiones. Es más frecuente en lugares con condiciones sanitarias deficientes, viviendas con hacinamiento o dificultades para acceder a agua segura.
Tener la bacteria no significa que inevitablemente se desarrollará una enfermedad grave. La mayoría de las personas infectadas permanece sin síntomas. Aun así, reconocerla resulta importante porque H. pylori es una de las principales causas de gastritis crónica y úlceras pépticas, además de ser el factor infeccioso más importante relacionado con el cáncer de estómago.
Cómo logra sobrevivir dentro del estómago
El estómago produce ácido para ayudar a digerir los alimentos y eliminar numerosos microorganismos. Helicobacter pylori, sin embargo, cuenta con un mecanismo que le permite resistir.
La bacteria produce una enzima llamada ureasa, capaz de transformar la urea en sustancias que neutralizan parcialmente el ácido alrededor del microorganismo. Esto crea una pequeña zona protectora que le permite llegar hasta la capa de moco que recubre la pared del estómago.
Sus flagelos —estructuras similares a pequeños filamentos— le ayudan a desplazarse y permanecer cerca de las células gástricas. Allí puede provocar una respuesta inflamatoria que, en muchas personas, persiste durante años.
El sistema inmunitario intenta combatirla, pero normalmente no consigue eliminarla por completo. De esta manera, la infección puede volverse crónica y permanecer durante toda la vida si no recibe tratamiento.
¿Cómo se contagia?
La forma exacta de transmisión todavía se investiga, pero se considera que puede propagarse principalmente por contacto oral-oral o fecal-oral. También podría transmitirse mediante alimentos o agua contaminados.
La infección suele adquirirse durante la infancia, especialmente cuando varias personas comparten espacios reducidos o existe un acceso limitado a agua potable y saneamiento adecuado.
Algunas medidas básicas que pueden reducir el riesgo de distintas infecciones digestivas incluyen:
- Lavarse las manos después de ir al baño y antes de preparar alimentos.
- Consumir agua de procedencia segura.
- Lavar correctamente frutas y verduras.
- Evitar compartir utensilios que hayan estado en contacto directo con saliva.
- Mantener una manipulación higiénica de los alimentos.
Estas precauciones ayudan, pero no ofrecen una protección absoluta. Una persona puede haber adquirido la bacteria muchos años antes de que aparezcan las primeras molestias.
Los síntomas que pueden hacer sospechar su presencia
Muchas personas con H. pylori no presentan ningún síntoma. Cuando la bacteria provoca gastritis o una úlcera, pueden aparecer:
- Dolor o ardor en la parte superior del abdomen.
- Molestias que empeoran cuando el estómago está vacío.
- Sensación de llenura después de comer poco.
- Distensión abdominal.
- Eructos frecuentes.
- Náuseas.
- Disminución del apetito.
- Digestiones pesadas.
Estos síntomas no son exclusivos de H. pylori. El reflujo, el consumo de antiinflamatorios, los trastornos funcionales digestivos y otras enfermedades pueden causar molestias parecidas.
Por esa razón, no es posible confirmar la infección únicamente por los síntomas. Se necesita una prueba específica.
¿Cómo puede provocar una úlcera?
La pared del estómago y del duodeno cuenta con una barrera de moco que la protege frente al ácido. H. pylori puede alterar esa protección y mantener activa una inflamación que debilita progresivamente los tejidos.
Cuando el ácido alcanza las zonas lesionadas, puede aparecer una úlcera péptica, es decir, una herida en el revestimiento del estómago o en la primera parte del intestino delgado.
Durante mucho tiempo se pensó que las úlceras eran causadas principalmente por el estrés, la personalidad o los alimentos picantes. Actualmente se sabe que las causas más importantes son la infección por H. pylori y el uso de medicamentos antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno, naproxeno y aspirina.
El estrés y algunos alimentos pueden empeorar las molestias de determinadas personas, pero no explican por sí solos la mayoría de las úlceras.
Una úlcera puede producir dolor, pero también puede pasar inadvertida hasta que provoca una complicación. Entre las más graves se encuentran el sangrado, la perforación de la pared digestiva y la obstrucción de la salida del estómago.
La relación con el cáncer gástrico
La infección crónica por H. pylori está reconocida como una causa de adenocarcinoma gástrico y de un tipo menos frecuente de cáncer llamado linfoma del tejido linfoide asociado a mucosas, conocido como linfoma MALT gástrico.
La bacteria fue clasificada por la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer como carcinógeno para los seres humanos.
Esto no significa que todas las personas infectadas vayan a desarrollar cáncer. Solamente una proporción lo hará, porque también influyen la genética, la alimentación, el tabaquismo, la edad, el tipo de bacteria y el tiempo que haya permanecido la infección.
El proceso generalmente ocurre durante muchos años. En algunas personas, la inflamación crónica daña las glándulas del estómago y produce gastritis atrófica. Posteriormente pueden aparecer cambios precancerosos en las células, como la metaplasia intestinal y la displasia.
Detectar y erradicar la bacteria puede reducir el riesgo de cáncer gástrico, especialmente cuando el tratamiento se realiza antes de que existan lesiones precancerosas avanzadas.
Una evaluación de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer informó que los ensayos disponibles relacionan el tratamiento de H. pylori con una reducción de la incidencia y la mortalidad por cáncer gástrico. Por ello, distintos países estudian o aplican programas de detección en poblaciones con riesgo elevado.
Quiénes deberían considerar una prueba
La decisión depende de los síntomas, los antecedentes y las recomendaciones médicas de cada país. Generalmente se considera la detección de H. pylori en personas con:
- Úlcera gástrica o duodenal actual o previa.
- Molestias persistentes en la parte superior del abdomen.
- Linfoma MALT gástrico.
- Cambios precancerosos en el estómago.
- Anemia por deficiencia de hierro sin una causa clara.
- Determinadas alteraciones de las plaquetas.
- Antecedentes familiares de cáncer gástrico.
- Uso prolongado de ciertos medicamentos que pueden aumentar el riesgo de sangrado digestivo.
- Convivencia con familiares infectados, según la valoración médica y las recomendaciones locales.
Las guías actuales también prestan especial atención a las personas procedentes de regiones donde el cáncer gástrico o la infección son frecuentes.
Las pruebas utilizadas para detectarla
Una de las pruebas más habituales es la prueba de aliento con urea. La persona ingiere una sustancia que contiene urea y, si la bacteria está presente, su enzima ureasa la descompone. Los productos de esa reacción pueden medirse posteriormente en el aire exhalado.
Otra opción es la prueba de antígeno en heces, que busca componentes de la bacteria. Ambas pueden detectar una infección activa y también se utilizan para comprobar si el tratamiento consiguió eliminarla.
Cuando se realiza una endoscopia, el médico puede tomar pequeñas muestras de la mucosa del estómago para examinarlas o hacer pruebas adicionales.
Los análisis de anticuerpos en sangre tienen una limitación importante: pueden seguir siendo positivos después de que la bacteria haya desaparecido. Por eso no siempre permiten distinguir entre una infección actual y otra ocurrida en el pasado.
Algunos medicamentos pueden alterar los resultados. El profesional podría indicar la suspensión temporal de inhibidores de la bomba de protones, antibióticos o bismuto antes de la prueba. No deben suspenderse tratamientos por cuenta propia; es necesario seguir las instrucciones del médico.
Cómo se elimina Helicobacter pylori
Debido a que se trata de una bacteria resistente y capaz de refugiarse en la mucosa gástrica, el tratamiento normalmente combina varios antibióticos con un medicamento que reduce la producción de ácido. En ciertos esquemas también se utiliza bismuto.
La combinación exacta depende de las resistencias bacterianas de cada región, de los antibióticos utilizados previamente, de las alergias y de los antecedentes del paciente.
Las guías del American College of Gastroenterology recomiendan evitar el uso indiscriminado de determinados esquemas basados en claritromicina cuando no se conoce la sensibilidad de la bacteria, debido al aumento de la resistencia a los antibióticos.
Es fundamental completar todos los días del tratamiento, aunque las molestias desaparezcan antes. Abandonarlo puede permitir que algunas bacterias sobrevivan y dificultar los tratamientos posteriores.
Los medicamentos pueden provocar efectos como diarrea, náuseas, sabor metálico o malestar abdominal. Si las reacciones son intensas, se debe consultar al profesional antes de interrumpirlos.
Curarse no se confirma solamente porque desaparezcan los síntomas
Sentirse mejor no garantiza que la bacteria haya sido eliminada. Algunas personas dejan de tener dolor mientras la infección continúa presente.
Las guías recomiendan realizar una prueba de confirmación de erradicación después del tratamiento. Habitualmente se emplea la prueba de aliento, el antígeno en heces o una prueba obtenida mediante biopsia.
Esta comprobación suele realizarse al menos cuatro semanas después de terminar los antibióticos y cuando ha transcurrido el periodo indicado sin ciertos medicamentos que podrían producir un resultado falsamente negativo.
Confirmar la erradicación es una parte esencial del tratamiento, no un control opcional.
Las señales que necesitan atención médica rápida
Algunas molestias digestivas requieren valoración inmediata porque pueden indicar sangrado, perforación, obstrucción u otra enfermedad importante:
- Vómito con sangre o con aspecto de café molido.
- Heces negras, brillantes o con sangre.
- Dolor abdominal repentino y muy intenso.
- Mareo, desmayo o debilidad marcada.
- Dificultad para tragar.
- Vómitos persistentes.
- Pérdida de peso sin explicación.
- Anemia o cansancio extremo.
- Sensación continua de llenura después de comer muy poco.
Estos signos no deben tratarse únicamente con antiácidos ni remedios caseros.
Una infección común que no debe ignorarse
Helicobacter pylori resulta sorprendente porque puede habitar durante décadas en uno de los ambientes más hostiles del organismo. En muchas personas nunca ocasionará síntomas importantes, pero en otras puede mantener una inflamación capaz de producir úlceras, sangrado y cambios precancerosos.
La buena noticia es que la infección puede detectarse mediante pruebas relativamente sencillas y tratarse con una combinación adecuada de medicamentos.
Quienes presentan molestias persistentes, antecedentes de úlcera o familiares directos con cáncer de estómago deberían conversar con un profesional sobre la conveniencia de realizar una prueba.
No se trata de vivir con miedo por una bacteria presente en media humanidad. Se trata de reconocer que una infección silenciosa y tratable puede tener consecuencias serias cuando permanece durante años sin ser identificada.
Fuentes:
- World Gastroenterology Organisation: guía mundial sobre Helicobacter pylori
- American College of Gastroenterology: guía clínica de 2024 para el tratamiento de H. pylori
- Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos: Helicobacter pylori y cáncer
- Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer: estrategias de detección y tratamiento para prevenir el cáncer gástrico
- Consenso mundial sobre detección y erradicación de H. pylori para prevenir el cáncer gástrico
