Los alimentos ultraprocesados suelen asociarse con problemas que aparecen después de años de malos hábitos alimentarios. Sin embargo, una investigación reciente ha puesto el foco en una etapa mucho más temprana: la primera infancia.

Un estudio realizado con más de mil niños españoles encontró que el consumo de ultraprocesados estaba relacionado con diferencias detectables en su metabolismo entre los 3 y los 6 años. Los investigadores identificaron 19 metabolitos asociados con estos productos, algunos de los cuales se relacionaron con indicadores de salud cardiovascular.
El hallazgo resulta especialmente interesante porque muestra que las diferencias metabólicas vinculadas con la alimentación pueden detectarse mucho antes de la adolescencia o la edad adulta.
Pero ¿qué significa realmente este descubrimiento? ¿Debemos preocuparnos por los alimentos que comen los niños pequeños y cuáles conviene limitar para favorecer su salud a largo plazo?
Un estudio encontró señales metabólicas desde los primeros años de vida
La investigación fue realizada por científicos de la Universitat Rovira i Virgili (URV), en España, y publicada en la revista científica eBioMedicine en octubre de 2026.
El equipo analizó información de 1.148 niños y niñas de entre 3 y 6 años que participaban en el estudio CORALS, una investigación que sigue el desarrollo infantil y examina factores relacionados con la obesidad y la salud metabólica.
Para evaluar la alimentación, los investigadores utilizaron cuestionarios sobre la frecuencia de consumo de distintos alimentos. También analizaron muestras de sangre para estudiar cientos de sustancias relacionadas con el metabolismo, entre ellas lípidos, aminoácidos y otros biomarcadores.
Al comparar los resultados con el consumo de ultraprocesados, identificaron 19 metabolitos asociados con la ingesta de estos productos.
Los metabolitos son moléculas que participan en las reacciones químicas del organismo. Su presencia y concentración pueden ofrecer información sobre cómo el cuerpo procesa los nutrientes, obtiene energía y mantiene sus funciones celulares.
Lo importante es que estas diferencias se detectaron en niños que todavía estaban en edad preescolar.
¿Qué cambios encontraron en el metabolismo infantil?
Los investigadores observaron que los metabolitos identificados podían agruparse en dos perfiles metabólicos diferentes. Estos perfiles se relacionaron de manera distinta con diversos indicadores de salud cardiovascular.
Un perfil relacionado con indicadores cardiovasculares menos favorables
El primer perfil estaba caracterizado principalmente por moléculas relacionadas con el metabolismo de las grasas.
Este patrón se asoció con:
- Niveles más elevados de triglicéridos.
- Concentraciones más altas de glucosa e insulina en ayunas.
- Niveles más bajos de colesterol HDL, conocido como colesterol bueno.
- Una puntuación más elevada de riesgo cardiovascular, calculada mediante varios indicadores metabólicos y físicos.
Estos resultados son relevantes porque los triglicéridos elevados, las alteraciones de la glucosa y la resistencia a la insulina son factores que pueden relacionarse con problemas metabólicos cuando persisten a lo largo del tiempo.
No obstante, los investigadores no diagnosticaron enfermedades cardiovasculares en los niños. Lo que encontraron fueron asociaciones entre determinados patrones metabólicos y una combinación de indicadores de riesgo.
Otro perfil mostró asociaciones diferentes
El segundo perfil estaba relacionado principalmente con el metabolismo de los aminoácidos y presentó asociaciones con menores niveles de adiposidad, triglicéridos, insulina y resistencia a la insulina, además de niveles más elevados de colesterol HDL.
Este resultado demuestra que la relación entre la alimentación y el metabolismo es compleja. No todos los metabolitos se comportan de la misma manera ni todas las asociaciones observadas apuntan en una única dirección.
Por eso, no sería correcto interpretar el estudio como si cada alimento ultraprocesado produjera exactamente el mismo efecto en todos los niños.
¿Qué alimentos se consideran ultraprocesados?
No todos los alimentos envasados son ultraprocesados, y el hecho de que un producto tenga una etiqueta o se venda en un supermercado no basta para clasificarlo.
El sistema de clasificación NOVA distingue los alimentos según el grado y la finalidad de su procesamiento. Los ultraprocesados suelen ser formulaciones industriales que contienen combinaciones de ingredientes refinados, sustancias derivadas de alimentos y aditivos, y que a menudo están diseñadas para resultar muy prácticas y apetecibles.
Entre los ejemplos habituales se encuentran:
- Refrescos y bebidas azucaradas.
- Golosinas y caramelos.
- Galletas industriales, pasteles envasados y muchos productos de bollería.
- Cereales de desayuno con abundante azúcar añadido.
- Aperitivos salados industriales.
- Fideos instantáneos y algunas comidas preparadas.
- Determinados productos cárnicos reconstituidos.
La clasificación depende de la formulación concreta. Por ejemplo, no todos los panes envasados ni todos los yogures pertenecen necesariamente a la categoría de ultraprocesados.
La prioridad no debería ser eliminar indiscriminadamente cualquier producto envasado, sino reducir la presencia habitual de opciones nutricionalmente pobres y dar más espacio a los alimentos frescos o mínimamente procesados.
¿Por qué puede importar tanto la alimentación entre los 3 y los 6 años?
La primera infancia es una etapa de crecimiento rápido. Durante estos años se desarrollan los hábitos alimentarios, aumentan las necesidades de nutrientes y se establecen rutinas que pueden mantenerse durante buena parte de la vida.
La calidad de la dieta influye en la cantidad de fibra, proteínas, vitaminas y minerales que reciben los niños, así como en la proporción de azúcares añadidos, sodio y determinados tipos de grasas que consumen.
Cuando los productos ultraprocesados desplazan de manera habitual a las frutas, las verduras, las legumbres y otros alimentos nutritivos, la alimentación puede perder variedad y calidad.
Además, determinados patrones de consumo pueden facilitar una ingesta energética elevada sin aportar una cantidad equivalente de nutrientes esenciales.
El estudio español no demuestra que estos mecanismos expliquen por sí solos los perfiles metabólicos encontrados. Sin embargo, sus resultados refuerzan el interés por estudiar cómo se relacionan los hábitos alimentarios con la salud desde los primeros años.
¿Los ultraprocesados causan alteraciones metabólicas en los niños?
Esta es la pregunta más importante y también la que requiere mayor precisión.
El estudio fue transversal, lo que significa que los investigadores analizaron la relación entre el consumo de alimentos y los indicadores metabólicos en un momento determinado. Por tanto, no puede demostrar que los ultraprocesados causaran directamente las diferencias observadas.
También pueden influir otros factores, como la alimentación general, la actividad física, el entorno familiar y las características individuales de cada niño.
Los propios investigadores señalan que será necesario seguir a los participantes a medida que crezcan para comprobar si los perfiles metabólicos persisten y si se relacionan con su salud cardiovascular futura.
Aun con esta limitación, el trabajo aporta información útil: permite identificar asociaciones biológicas tempranas que merecen investigarse y ayuda a comprender mejor la relación entre alimentación y metabolismo infantil.
Cómo reducir los ultraprocesados sin convertir la comida en una batalla
Mejorar la alimentación de los niños no requiere prohibir todos sus alimentos favoritos ni generar miedo a comer. Los cambios más útiles suelen ser los que pueden mantenerse en la vida cotidiana.
1. Ofrece fruta entera como opción habitual
Las manzanas, las peras, los plátanos, las mandarinas y otras frutas aportan fibra, agua y micronutrientes. Tener fruta disponible y ofrecerla de manera regular facilita que forme parte de la rutina familiar.
2. Recupera los desayunos sencillos
La avena, el pan integral adecuado, los huevos, la fruta y el yogur natural sin azúcar añadido pueden servir como base de desayunos variados.
No es necesario que todos los desayunos sean iguales ni que los alimentos se preparen de forma elaborada. Lo importante es priorizar opciones nutritivas y adaptadas a la edad del niño.
3. Incluye legumbres y verduras durante la semana
Las lentejas, los garbanzos y los frijoles aportan fibra, proteínas vegetales y minerales. Las verduras pueden incorporarse en sopas, guisos, tortillas o preparaciones familiares.
Ofrecer nuevos alimentos repetidamente, sin obligar al niño a comerlos, puede ayudar a que se familiarice con diferentes sabores y texturas.
4. Reserva las bebidas azucaradas para ocasiones excepcionales
El agua debería ser la bebida habitual. Los refrescos, las bebidas energéticas y otras bebidas azucaradas no son necesarios para cubrir las necesidades nutricionales de los niños.
Los jugos tampoco sustituyen completamente a la fruta entera, que conserva su estructura y una mayor cantidad de fibra.
5. Revisa las etiquetas sin obsesionarte
Comparar la cantidad de azúcares añadidos, sodio y grasas saturadas puede ayudar a elegir entre productos similares. También conviene observar la lista de ingredientes y el tamaño de las porciones.
No hace falta perseguir una dieta perfecta. Es más útil mejorar progresivamente el patrón alimentario de toda la familia que concentrarse en un único producto.
¿Qué significa este descubrimiento para el futuro de los niños?
Los resultados de esta investigación no permiten predecir qué niño desarrollará una enfermedad ni justifican realizar análisis metabólicos especiales a todos los pequeños.
Su importancia reside en que aportan nuevas pistas sobre la relación entre la alimentación y determinados procesos biológicos durante una etapa muy temprana de la vida.
Si investigaciones futuras confirman que algunos de estos perfiles metabólicos persisten y ayudan a anticipar problemas de salud, podrían contribuir a mejorar las estrategias de prevención. Por ahora, esa posibilidad debe considerarse una línea de investigación, no una conclusión definitiva.
Mientras tanto, los hábitos cotidianos siguen siendo fundamentales: ofrecer alimentos variados, reducir el consumo frecuente de productos con escaso valor nutricional, favorecer el juego activo y establecer rutinas saludables.
Conclusión
Un estudio realizado con 1.148 niños españoles encontró 19 metabolitos asociados con el consumo de alimentos ultraprocesados entre los 3 y los 6 años. Algunos de los perfiles metabólicos identificados se relacionaron con indicadores cardiovasculares menos favorables, mientras que otros mostraron asociaciones diferentes.
El hallazgo no demuestra que los ultraprocesados causen directamente estas alteraciones ni que los niños estudiados tengan una enfermedad. Sí demuestra que la relación entre alimentación y metabolismo puede investigarse desde edades muy tempranas, mucho antes de que aparezcan problemas clínicos evidentes.
Por eso, no es necesario esperar a la adolescencia para prestar atención a la calidad de la dieta. Favorecer el consumo de alimentos frescos o mínimamente procesados desde la infancia es una manera razonable de construir hábitos saludables que puedan acompañar a los niños durante toda su vida.
Fuentes:
- Pérez-Acosta JA y colaboradores. Metabolomic profiling of ultra-processed food consumption and cardiovascular risk in Spanish preschool children: a cross-sectional study. eBioMedicine, 2026. https://doi.org/10.1016/j.ebiom.2026.106488
- Centro de Investigación Biomédica en Red (CIBER-ISCIII). Relacionan el consumo de ultraprocesados con cambios en el metabolismo de los niños, octubre de 2026.
- Khoury N. y colaboradores. Ultraprocessed Food Consumption and Cardiometabolic Risk Factors in Children. JAMA Network Open, 2024.
