El único tipo de queso que los cardiólogos permiten en la dieta de un hipertenso

La mayoría de los quesos son enemigos silenciosos de la presión arterial. Pero hay una excepción respaldada por la evidencia clínica que vale la pena conocer.

Para millones de personas que viven con hipertensión arterial, el queso representa una de las renuncias más amargas del cambio de hábitos. Y no es para menos: el sodio oculto en los quesos maduros y procesados puede sabotear semanas de esfuerzo dietético en una sola porción.

Sin embargo, existe una variedad que los especialistas en cardiología no solo toleran, sino que en ocasiones recomiendan activamente. Se trata del queso fresco sin sal —y en particular, el queso cottage bajo en sodio.

¿Por qué la mayoría de los quesos elevan la presión arterial?

El mecanismo es directo: el sodio en exceso provoca retención de líquidos, lo que aumenta el volumen sanguíneo y, con él, la presión que ejerce la sangre sobre las paredes de las arterias. Los quesos curados, semicurados y procesados son fuentes concentradas de sodio.

Un solo trozo de 30 gramos de queso manchego curado puede contener entre 180 y 250 mg de sodio; los quesos tipo cheddar o parmesano pueden superar los 350 mg por la misma cantidad. Si se considera que la recomendación máxima diaria para un hipertenso es de 1,500 mg, una simple tabla de quesos puede comprometer una parte significativa de ese límite.

Además del sodio, los quesos grasos tienen un alto contenido de grasas saturadas, que contribuyen a la rigidez arterial y el deterioro progresivo de la función cardiovascular, agravando el pronóstico a largo plazo.

“El problema no es el queso en sí, sino su contenido de sodio y el grado de maduración. A mayor curación, mayor concentración de sal.”

El queso que sí tiene pase libre: el cottage bajo en sodio

El queso cottage —especialmente en su versión sin sal añadida o bajo en sodio— es el preferido por los cardiólogos y nutricionistas clínicos para pacientes con hipertensión. ¿Por qué? Porque reúne un perfil nutricional que lo distingue radicalmente del resto:

Por qué el queso cottage es la excepción

  • Bajo contenido de sodio: alrededor de 60–80 mg por cada 100 g (versión sin sal añadida)
  • Alto aporte de proteína de alta calidad: entre 10 y 12 g por 100 g
  • Bajo en grasas saturadas, especialmente en su versión desnatada
  • Contiene calcio y potasio, minerales que contribuyen a regular la presión arterial
  • No pasa por procesos de maduración que concentran la sal

El potasio merece mención especial: actúa como contrapeso fisiológico del sodio, ayudando a los riñones a excretar el exceso de sal y relajando las paredes de los vasos sanguíneos. El cottage aporta una cantidad modesta pero útil de este mineral, lo que refuerza su papel favorable en el contexto de una dieta antihipertensiva como la dieta DASH.

El queso fresco artesanal, una alternativa regional válida

En Latinoamérica y España, el equivalente más accesible al cottage es el queso fresco sin sal, también conocido como queso blanco o queso de rancho en algunas regiones. Elaborado sin proceso de maduración y sin adición de sal en su versión natural, puede ser una alternativa razonable siempre que se verifique la etiqueta nutricional.

El problema es la inconsistencia: muchos quesos frescos comerciales llevan cantidades variables de sal, por lo que la revisión del etiquetado es indispensable. La regla es clara: menos de 100 mg de sodio por cada 100 gramos.

Lo que dicen los cardiólogos sobre las porciones

Incluso con el cottage, los especialistas establecen un límite. La recomendación general se sitúa en no más de 100 a 150 gramos diarios, integrados dentro de una dieta que también limite el sodio proveniente de otras fuentes. El cottage no es una licencia para comer queso sin medida; es una opción viable dentro de un plan alimentario estructurado y supervisado por un profesional de la salud.

Consumirlo en el desayuno con fruta, en ensaladas o como sustituto de cremas y untables grasos es una estrategia habitual que los nutriólogos proponen para que los pacientes hipertensos no sientan que su dieta carece de variedad o placer.

Los quesos que deben evitarse

Para cerrar el panorama, conviene tener claro qué variedades son incompatibles con una dieta para hipertensos:

Quesos a evitar en la hipertensión

  • Quesos curados y semicurados (manchego, gouda, cheddar, emmental)
  • Queso parmesano y similares de larga maduración
  • Quesos procesados y de untar comerciales (alta concentración de sodio y aditivos)
  • Queso azul (roquefort, gorgonzola): además de sodio, contiene mohos y histaminas
  • Queso feta: pese a su fama saludable, su contenido de sodio es elevado

La conclusión que importa

La hipertensión no exige una dieta absolutamente desprovista de queso, pero sí obliga a elegir con criterio. El queso cottage bajo en sodio —y, en su defecto, el queso fresco sin sal correctamente etiquetado— representa la única categoría que los cardiólogos integran con regularidad en el plan alimentario de sus pacientes. El resto, en mayor o menor medida, representa un riesgo que no vale la pena asumir cuando la salud cardiovascular está en juego.

Como siempre en nutrición clínica, la individualización es clave. Antes de incorporar cualquier alimento de forma habitual, lo más prudente es consultar con el médico o nutriólogo tratante, quien conoce el perfil completo del paciente.