Cuando se habla de los beneficios del brócoli, casi siempre aparecen las mismas sustancias: vitamina C, fibra, vitamina K o folatos. Sin embargo, esta verdura contiene un compuesto mucho menos conocido que lleva años despertando el interés de los investigadores por su posible papel frente al cáncer.

Se trata del sulforafano, una sustancia que se forma a partir de la glucorafanina, un compuesto presente especialmente en el brócoli y en sus brotes.
La investigación ha encontrado que el sulforafano puede activar mecanismos celulares relacionados con la defensa frente al daño oxidativo, favorecer la eliminación de determinadas sustancias potencialmente cancerígenas y modificar procesos relacionados con la inflamación y la proliferación celular. Por eso, se estudia como un posible compuesto quimiopreventivo, es decir, capaz de ayudar a reducir las condiciones que favorecen el desarrollo del cáncer.
Y hay un detalle especialmente interesante: los estudios realizados en seres humanos ya han encontrado efectos relacionados con el cáncer de próstata, mientras que la investigación sobre el intestino y el cáncer colorrectal también está estudiando mecanismos potencialmente protectores.
El compuesto no aparece simplemente al comer brócoli
El sulforafano tiene una particularidad que lo hace diferente de muchos nutrientes.
El brócoli contiene principalmente glucorafanina, un glucosinolato. Cuando la planta se corta, se tritura o se mastica, esta sustancia puede entrar en contacto con una enzima llamada mirosinasa, que ayuda a transformarla en sulforafano.
Por eso, el sulforafano no debe considerarse simplemente una vitamina o un antioxidante que está presente en una cantidad fija dentro de cada brócoli.
Su formación depende de cómo se procesa y consume la verdura.
Esta característica también explica por qué la forma de cocinar el brócoli puede cambiar la cantidad de sulforafano que finalmente queda disponible para el organismo.
¿Por qué interesa tanto a los investigadores del cáncer?
Una de las razones es que el sulforafano parece actuar sobre varios mecanismos celulares al mismo tiempo.
Entre los efectos estudiados se encuentra la activación de sistemas internos de defensa antioxidante, además de cambios en enzimas que participan en la neutralización y eliminación de determinados compuestos potencialmente dañinos.
También se han observado efectos relacionados con la inflamación, la regulación de la proliferación celular y la apoptosis, que es el proceso mediante el cual las células dañadas pueden activar su propia muerte programada.
En experimentos de laboratorio y en animales, los isotiocianatos procedentes de las crucíferas han mostrado efectos que podrían dificultar diferentes etapas del desarrollo de tumores, incluido el cáncer de colon.
Esto es importante porque el interés por el brócoli no procede simplemente de la idea de que “los antioxidantes son buenos”. Existe un conjunto de mecanismos biológicos concretos que explica por qué el sulforafano lleva años siendo investigado.
La próstata es uno de los campos donde más se ha estudiado
El cáncer de próstata es precisamente uno de los tumores en los que el sulforafano ha despertado mayor interés.
En un ensayo clínico aleatorizado realizado con 98 hombres que iban a someterse a una biopsia de próstata, los investigadores administraron un extracto de brotes de brócoli rico en sulforafano o placebo.
El tratamiento produjo cambios en la expresión de numerosos genes en el tejido prostático. Entre ellos se encontraban genes que habían sido relacionados previamente con el desarrollo del cáncer de próstata.
Estos resultados no significan que el extracto haya demostrado prevenir el cáncer, pero sí aportan algo mucho más interesante para la investigación: el compuesto llega al organismo y puede producir cambios medibles en el tejido de la próstata.
Otro ensayo, conocido como ESCAPE, estudió durante un año a hombres con cáncer de próstata localizado que estaban bajo vigilancia activa.
Los participantes recibieron una sopa de brócoli con diferentes concentraciones de glucorafanina. Los investigadores observaron cambios en la expresión genética del tejido prostático y encontraron que determinadas vías relacionadas con inflamación y procesos potencialmente oncogénicos estaban atenuadas en los grupos que consumieron el brócoli más rico en glucorafanina.
El estudio no fue diseñado para demostrar que el alimento evitara la progresión del cáncer, pero sus resultados ayudan a explicar por qué el sulforafano y sus precursores siguen siendo estudiados como posibles herramientas de quimioprevención.
Incluso se ha probado en hombres que ya tenían cáncer
El interés por el sulforafano no se ha limitado a personas sanas.
En un ensayo de fase II participaron hombres con cáncer de próstata recurrente y se administró un extracto rico en sulforafano durante un máximo de 20 semanas.
El objetivo principal era conseguir una disminución de al menos 50 % del PSA. Ese objetivo no se alcanzó en la mayoría de los participantes. Sin embargo, los investigadores observaron que el tiempo de duplicación del PSA aumentó durante el tratamiento, un resultado que justificó continuar investigando el compuesto.
Otro ensayo aleatorizado realizado en 78 hombres con recurrencia bioquímica después de una prostatectomía tampoco alcanzó su objetivo principal, pero encontró diferencias favorables en varios parámetros secundarios relacionados con la evolución del PSA.
Esto explica por qué el sulforafano resulta tan interesante: no estamos hablando únicamente de experimentos realizados en células aisladas. Ya existen investigaciones clínicas en personas, aunque todavía se necesita más evidencia para establecer qué papel puede tener realmente en la prevención o tratamiento del cáncer.
¿Y el cáncer de colon?
El intestino también es un área importante de investigación.
Los compuestos derivados de los glucosinolatos de las crucíferas han mostrado actividad frente a diferentes mecanismos relacionados con la carcinogénesis del colon en estudios experimentales.
El sulforafano puede activar sistemas de defensa celular y modificar procesos relacionados con el estrés oxidativo, la inflamación y el comportamiento de células anormales.
El Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos reconoce que el sulforafano y otros compuestos de las crucíferas han demostrado efectos anticancerígenos en células y animales. Sin embargo, los resultados de los estudios realizados en seres humanos son más variables.
Esto no le quita interés al compuesto. Al contrario: el colon está en contacto directo con los productos derivados de lo que comemos, por lo que entender cómo los glucosinolatos se transforman durante la digestión y cómo interactúan con las células intestinales es una de las líneas de investigación más atractivas.
El truco está en no cocinar demasiado el brócoli
Aquí aparece uno de los aspectos más curiosos de esta historia.
La mirosinasa, la enzima que ayuda a producir sulforafano, es sensible al calor. Cuando el brócoli se cocina intensamente, parte de esta enzima puede quedar inactivada.
Un estudio en seres humanos comparó el consumo de brócoli crudo y cocinado y encontró una biodisponibilidad de sulforafano considerablemente mayor después de consumirlo crudo.
Otra investigación encontró que el brócoli ligeramente cocinado permitía una mayor formación de isotiocianatos que cuando se cocinaba durante más tiempo.
Por eso, si quieres aprovechar al máximo estos compuestos, una buena opción es evitar la cocción excesiva. El brócoli ligeramente cocinado al vapor puede ser una alternativa práctica para quienes no disfrutan de comerlo crudo.
Hay un ingrediente que puede aumentar el aprovechamiento
Uno de los descubrimientos más curiosos relacionados con el sulforafano tiene que ver con la mostaza.
Investigadores de la Universidad de Reading realizaron un pequeño ensayo con 12 adultos. Los participantes consumieron brócoli cocinado solo o acompañado de una pequeña cantidad de mostaza en polvo, que contiene mirosinasa.
La cantidad de metabolitos de sulforafano detectados después de consumir el brócoli con mostaza fue más de cuatro veces superior a la observada cuando se consumió únicamente el brócoli cocinado.
La explicación es sencilla: aunque la cocción puede destruir buena parte de la mirosinasa del brócoli, la enzima procedente de la mostaza puede ayudar a transformar la glucorafanina que permanece en la verdura.
Esto no significa que haya que comer brócoli con mostaza en cada comida. Pero sí revela algo importante: la cantidad de sulforafano que el organismo obtiene depende no solo de cuánto brócoli comes, sino también de cómo lo preparas.
Los brotes de brócoli son todavía más interesantes
Si el objetivo es encontrar una fuente especialmente concentrada de los precursores del sulforafano, los brotes de brócoli destacan.
Los estudios de biodisponibilidad han encontrado que los brotes frescos pueden proporcionar una exposición considerable al sulforafano, y que la presencia de mirosinasa desempeña un papel fundamental en su aprovechamiento.
Esto también explica por qué los suplementos de brócoli no son necesariamente equivalentes.
Algunos aportan glucorafanina pero tienen poca o ninguna mirosinasa activa. En ese caso, la transformación en sulforafano puede ser diferente a la que ocurre cuando se consume un alimento que contiene ambas sustancias.
Más cantidad de glucorafanina en una cápsula no significa automáticamente más sulforafano disponible para el organismo.
Entonces, ¿el brócoli puede prevenir el cáncer?
Aquí está la parte más interesante de la investigación.
Los resultados disponibles permiten considerar al sulforafano un compuesto con potencial quimiopreventivo, especialmente por sus mecanismos celulares y por los resultados obtenidos en determinados estudios humanos.
Pero todavía no existe una cantidad de brócoli que pueda recomendarse como una “dosis anticáncer”, ni está demostrado que comer esta verdura por sí solo impida desarrollar cáncer de próstata o de colon.
Eso no significa que el hallazgo sea poco importante.
Significa que estamos ante una sustancia que ha pasado de los experimentos de laboratorio a estudios en seres humanos, donde ya se han observado cambios biológicos relevantes.
Por eso, incluir brócoli y otras verduras crucíferas en una alimentación saludable tiene sentido, pero no como sustituto de las pruebas de detección del cáncer, de una alimentación equilibrada o de los tratamientos médicos cuando sean necesarios.
Una manera sencilla de aprovecharlo
Si quieres incorporar más sulforafano a tu alimentación, no necesitas comprar suplementos caros.
Puedes simplemente incluir brócoli de manera habitual y evitar cocinarlo hasta que quede completamente blando. El vapor durante pocos minutos, una cocción breve o incluso consumirlo crudo si lo toleras son opciones que permiten conservar mejor los precursores y la actividad enzimática.
Otra posibilidad estudiada es añadir una pequeña cantidad de mostaza en polvo al brócoli ya cocinado, aunque el estudio que encontró este efecto fue pequeño y se centró en la biodisponibilidad, no en la prevención del cáncer.
Y recuerda que el sulforafano no es el único motivo para comer brócoli: esta verdura también aporta fibra, vitamina C, vitamina K, folato y otros compuestos vegetales.
Un compuesto pequeño con una historia científica enorme
El sulforafano comenzó como una sustancia más dentro de las numerosas moléculas presentes en las verduras crucíferas, pero actualmente es uno de los compuestos vegetales más estudiados por su posible papel en la protección frente al cáncer.
La próstata es uno de los órganos donde la investigación humana resulta especialmente interesante, con ensayos que han encontrado cambios en genes y biomarcadores relacionados con procesos cancerígenos. En el colon, los mecanismos observados en estudios experimentales también justifican continuar investigándolo.
Todavía no puede decirse que comer brócoli sea una garantía contra el cáncer. Pero sí puede decirse algo mucho más sólido: el brócoli contiene glucorafanina, un precursor del sulforafano, y esta molécula tiene propiedades biológicas que podrían ayudar a las células a defenderse frente a algunos de los procesos relacionados con el desarrollo del cáncer.
Por eso, la próxima vez que pongas brócoli en el plato, quizá valga la pena recordar que detrás de su característico sabor hay mucho más que vitaminas: hay una sustancia que la ciencia lleva años intentando entender y que podría tener un papel importante en la prevención del cáncer en el futuro.
Fuentes:
- National Cancer Institute. Cruciferous Vegetables and Cancer Prevention.
- National Cancer Institute. Sulforaphane.
- Zhang Z. et al. Sulforaphane Bioavailability and Chemopreventive Activity in Men Presenting for Biopsy of the Prostate Gland: A Randomized Controlled Trial. PubMed.
- Traka M.H. et al. Transcriptional changes in prostate of men on active surveillance after a 12-mo glucoraphanin-rich broccoli intervention. PubMed.
- Alumkal J.J. et al. A phase II study of sulforaphane-rich broccoli sprout extracts in men with recurrent prostate cancer. PubMed.
- Cipolla B.G. et al. Effect of Sulforaphane in Men with Biochemical Recurrence after Radical Prostatectomy. PubMed.
- Okunade O. et al. Supplementation of the Diet by Exogenous Myrosinase via Mustard Seeds to Increase the Bioavailability of Sulforaphane in Healthy Human Subjects after the Consumption of Cooked Broccoli. PubMed.
- Shapiro T.A. et al. Safety, tolerance, and metabolism of broccoli sprout glucosinolates and isothiocyanates. PubMed.
- Vermeulen M. et al. Bioavailability and kinetics of sulforaphane in humans after consumption of cooked versus raw broccoli. PubMed.
- Rungapamestry V. et al. Effect of meal composition and cooking duration on the fate of sulforaphane following consumption of broccoli. PubMed.
