La artrosis de rodilla (osteoartritis) no aparece de un día para otro: es el resultado de años de desgaste acumulado en el cartílago, el tejido que amortigua la articulación.

Aunque la edad y la genética son factores que no se pueden cambiar, una revisión sistemática reciente que analizó 131 estudios y más de 5 millones de personas identificó más de 150 factores de riesgo, y varios de ellos están directamente relacionados con hábitos cotidianos que sí se pueden modificar.
1. Cargar exceso de peso
El sobrepeso y la obesidad son, según la evidencia disponible, el factor de riesgo modificable más importante para la artrosis de rodilla.
La razón es doblemente mecánica y bioquímica: cada kilo extra multiplica la carga que soporta la rodilla al caminar, y estudios que comparan distintos niveles de índice de masa corporal muestran una relación dosis-respuesta clara — a mayor peso corporal, mayor severidad de la artrosis. Además, el tejido graso en exceso libera sustancias inflamatorias que aceleran el deterioro del cartílago, no solo por la carga física.
2. Pasar demasiado tiempo sentado o inactivo
Suena contraintuitivo, pero la falta de movimiento también daña el cartílago, no solo el exceso. El cartílago no tiene su propio riego sanguíneo: se nutre por el movimiento articular, que ayuda a distribuir el líquido sinovial.
Un estilo de vida sedentario reduce ese estímulo mecánico esencial, y varios investigadores señalan que esto agrava la degeneración articular con el tiempo, además de debilitar los músculos que rodean y protegen la rodilla.
3. Movimientos repetitivos que sobrecargan la rodilla
Ponerse en cuclillas con frecuencia, arrodillarse durante largos periodos o subir y bajar escaleras de forma repetitiva y constante puede acelerar el desgaste del cartílago, especialmente cuando estos movimientos forman parte de una rutina diaria u ocupación.
No es casualidad que trabajos como la construcción, la agricultura o el trabajo en línea de ensamblaje, que implican flexión repetida de rodilla, carga de peso o largos periodos de pie, se asocien consistentemente con mayor riesgo de artrosis de rodilla en estudios ocupacionales.
4. Una dieta alta en ultraprocesados y azúcar
Comer con frecuencia alimentos ultraprocesados —comida rápida, bebidas azucaradas, carnes procesadas— se ha identificado como un posible factor de riesgo en la revisión sistemática más reciente sobre el tema.
El mecanismo propuesto no es solo el aumento de peso asociado a este tipo de dieta: estos alimentos contribuyen a la inflamación sistémica de bajo grado, un proceso que agrava directamente los síntomas y la progresión de la artrosis. En contraste, dietas con alto contenido de polifenoles —como la dieta mediterránea— muestran un efecto protector al reducir la inflamación y, potencialmente, la destrucción del cartílago.
5. Dormir mal de forma crónica
La mala calidad del sueño —incluyendo dormir muy poco de forma habitual— también apareció como un posible factor de riesgo en la revisión de más de 5 millones de personas. Aunque el mecanismo exacto todavía se está investigando, el sueño deficiente se relaciona con mayor inflamación sistémica en general, el mismo proceso biológico implicado en varios de los factores de esta lista.
6. Ignorar una lesión previa de rodilla
Una lesión de rodilla, incluso si parece haber sanado por completo, puede derivar años o décadas después en lo que se conoce como artrosis postraumática.
El daño inicial al cartílago —por ejemplo, una lesión de menisco o de ligamentos— compromete su capacidad de repararse a largo plazo. De hecho, modelos experimentales muestran que incluso lesiones menores de cartílago que no se tratan, de un tamaño relativamente pequeño, pueden generar daño articular persistente con el tiempo.
7. El desgaste acumulado sin cuidado en la mediana edad
A partir de los 40 años, la capacidad del cartílago para repararse a sí mismo comienza a disminuir de forma natural, y el tejido pierde parte de su elasticidad, volviéndose más vulnerable a lesiones menores y al desgaste de actividades cotidianas. Esto no es un “mal hábito” en sí mismo, pero explica por qué los hábitos de esta lista pesan más a partir de esta etapa de la vida: el margen de recuperación del cartílago es cada vez menor.
Qué hacer con esta información
La buena noticia es que la mayoría de estos factores son modificables: mantener un peso saludable, moverse de forma regular sin caer en el sobreuso repetitivo de la rodilla, cuidar la calidad del sueño y priorizar una dieta antiinflamatoria son medidas respaldadas por evidencia real, no solo sentido común.
Si ya existe una lesión previa de rodilla o síntomas persistentes, la evaluación de un traumatólogo o fisioterapeuta puede ayudar a diseñar un plan de actividad física que proteja la articulación en vez de acelerar su desgaste.
Referencias
- What are the key risk factors for developing knee osteoarthritis? We reviewed the evidence. The Conversation / Osteoarthritis and Cartilage, revisión sistemática de 131 estudios con más de 5 millones de personas.
- Comprehensive Review of Conservative and Surgical Treatment Strategies for Knee Osteoarthritis. Global Journal of Orthopedics, 2025.
- Individual and occupational risk factors for knee osteoarthritis – Study protocol of a case control study. PMC2292715.
- Understanding Arthritis: Osteoarthritis (OA) of the Knee – Causes, Symptoms, and Risk Factors. Wake Research, 2024.
- Risk factors and the natural history of accelerated knee osteoarthritis: a narrative review. PMC7260785.
Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación médica. Ante dolor persistente de rodilla, consulta a un traumatólogo o fisioterapeuta antes de modificar tu rutina de ejercicio.
