Una rozadura causada por el calzado, una pequeña ampolla o un corte diminuto suelen parecer problemas sin importancia. Lo normal es que comiencen a mejorar en pocos días. Sin embargo, cuando una herida en el pie tarda demasiado en cicatrizar, vuelve a abrirse o permanece prácticamente igual, podría estar revelando algo más serio: la sangre no está llegando adecuadamente a esa zona.

Este problema puede estar relacionado con la enfermedad arterial periférica, una afección en la que las arterias que llevan sangre hacia las piernas y los pies se estrechan, generalmente debido a la acumulación de depósitos de grasa.
No significa que todas las lesiones que tardan en cerrar sean consecuencia de una mala circulación. Las infecciones, la presión constante del calzado, ciertas enfermedades de la piel y la neuropatía también pueden intervenir. Pero una herida persistente nunca debería considerarse normal, especialmente en personas con diabetes, colesterol elevado o antecedentes de tabaquismo.
El síntoma que puede aparecer directamente en los pies
La señal a la que conviene prestar atención es una llaga, cortadura o úlcera que cicatriza con demasiada lentitud.
Puede localizarse en:
- Los dedos.
- El talón.
- La planta del pie.
- Los bordes del pie.
- Las zonas sometidas a presión por el calzado.
La lesión puede comenzar como algo aparentemente insignificante: una ampolla, una pequeña grieta o una rozadura. El problema es que, cuando el flujo sanguíneo está reducido, el tejido no recibe suficiente oxígeno, nutrientes y células defensivas para repararse adecuadamente.
Por eso la herida puede permanecer abierta, infectarse o empeorar progresivamente.
¿Qué tiene que ver la circulación con la cicatrización?
La sangre no solo transporta oxígeno. También lleva las sustancias que el organismo necesita para reconstruir la piel y responder ante microorganismos.
Cuando una arteria se encuentra estrechada, llega menos sangre al pie. Es parecido a intentar regar una planta con una manguera parcialmente bloqueada: el agua continúa pasando, pero quizá no sea suficiente.
En casos avanzados, la falta de circulación puede provocar:
- Dolor incluso estando en reposo.
- Infecciones que no responden fácilmente al tratamiento.
- Muerte del tejido.
- Aparición de gangrena.
- Riesgo de perder un dedo o parte de la extremidad.
Esperar a que una herida cierre por sí sola puede ser peligroso si el verdadero problema se encuentra en las arterias.
Otras señales que pueden acompañar a la herida
Una lesión que no cicatriza suele ser la señal más visible, pero puede aparecer junto con otros cambios.
Un pie más frío que el otro
La temperatura puede disminuir cuando llega menos sangre a una extremidad. Tener ambos pies fríos ocasionalmente no demuestra que exista una obstrucción arterial; en cambio, una diferencia persistente de temperatura entre ambos pies merece valoración médica.
Cambios en el color de la piel
El pie o los dedos pueden adquirir un tono más pálido, azulado o rojizo. En ocasiones, el color cambia al elevar la pierna o al dejarla colgando.
Dolor al caminar
Uno de los síntomas clásicos de la enfermedad arterial periférica es un dolor, calambre o sensación de pesadez en la pantorrilla, el muslo o el glúteo que aparece al caminar y disminuye al detenerse. Este patrón recibe el nombre de claudicación intermitente.
Dolor durante el descanso
Cuando la falta de circulación es más grave, el dolor puede aparecer por la noche o mientras la persona está acostada. Algunas personas descubren que dejar el pie colgando al borde de la cama proporciona alivio temporal.
Pulso débil y cambios en la piel
También pueden observarse menos vello en las piernas, uñas que crecen lentamente, piel brillante o fina y pulsos débiles en los pies.
No sentir dolor no significa que el pie esté bien
Este punto es especialmente importante para quienes viven con diabetes.
La diabetes puede producir neuropatía periférica, un daño en los nervios que reduce la capacidad para sentir dolor, presión, frío o calor. Una persona puede desarrollar una ampolla o pisar un objeto sin darse cuenta.
Al mismo tiempo, la diabetes también puede perjudicar la circulación. La combinación resulta peligrosa: la persona no percibe la lesión y, además, la herida tiene dificultades para cicatrizar.
Por esa razón, una pequeña llaga indolora no debe considerarse menos seria. En ciertas personas, la ausencia de dolor puede ser precisamente parte del problema.
¿Quién tiene mayor riesgo?
Aunque cualquier persona puede presentar dificultades circulatorias, la probabilidad aumenta en quienes tienen:
- Diabetes.
- Antecedentes de tabaquismo.
- Presión arterial alta.
- Colesterol elevado.
- Enfermedad renal crónica.
- Obesidad.
- Edad avanzada.
- Antecedentes de infarto, accidente cerebrovascular o enfermedad cardiovascular.
Fumar es uno de los factores de riesgo más importantes para la enfermedad arterial periférica. El tabaco daña los vasos sanguíneos y acelera el proceso de aterosclerosis.
Una herida arterial no es igual a una úlcera venosa
No todas las heridas causadas por problemas circulatorios tienen el mismo origen.
Las úlceras relacionadas con arterias estrechadas suelen aparecer en los dedos, talones o puntos de presión. El pie puede sentirse frío y mostrar cambios de color.
Las úlceras venosas, por otro lado, aparecen con mayor frecuencia cerca de los tobillos y pueden acompañarse de hinchazón, sensación de pesadez y oscurecimiento de la piel.
La apariencia de la lesión no basta para establecer el diagnóstico. Solo una evaluación profesional puede determinar si el problema es arterial, venoso, neuropático, infeccioso o una combinación de varios factores.

¿Cómo se comprueba si existe mala circulación?
El profesional sanitario puede revisar la temperatura, el color de la piel, la herida y los pulsos del pie. Una de las pruebas más utilizadas es el índice tobillo-brazo, que compara la presión arterial del tobillo con la presión del brazo.
También pueden utilizarse:
- El índice dedo-brazo.
- La ecografía Doppler.
- Pruebas para medir la oxigenación del tejido.
- Estudios de imagen de las arterias.
En algunas personas con diabetes o enfermedad renal, las arterias pueden encontrarse endurecidas y el índice tobillo-brazo ofrecer resultados artificialmente elevados. En esos casos pueden necesitarse pruebas complementarias.
Señales que requieren atención inmediata
Hay situaciones en las que no conviene esperar a conseguir una consulta rutinaria. Se debe buscar atención médica urgente si el pie:
- Se vuelve repentinamente frío, pálido o azul.
- Presenta dolor intenso de aparición brusca.
- Pierde sensibilidad o fuerza.
- Desarrolla tejido negro.
- Tiene una herida con pus, mal olor o enrojecimiento que se extiende.
- Se acompaña de fiebre o escalofríos.
La combinación repentina de dolor, palidez, frialdad, entumecimiento o debilidad puede indicar una interrupción aguda del flujo sanguíneo. Es una emergencia porque el tejido puede sufrir daños irreversibles en poco tiempo.
Quien tenga diabetes debería solicitar valoración pronta ante cualquier ampolla, grieta o herida que no comience a mejorar, aunque no duela.
Qué no hacer en casa
Mientras se obtiene atención médica, es importante evitar acciones que podrían agravar el problema:
- No cortar callos o durezas con cuchillas.
- No aplicar sustancias cáusticas ni remedios irritantes.
- No usar bolsas de agua muy caliente o almohadillas térmicas sobre un pie entumecido.
- No caminar descalzo.
- No reventar ampollas deliberadamente.
- No retirar tejido oscuro por cuenta propia.
Tampoco es recomendable iniciar medias de compresión sin una evaluación si se sospecha una obstrucción arterial. Aunque son útiles en determinados problemas venosos, una compresión inadecuada puede resultar perjudicial cuando la circulación arterial está muy reducida.
Un hábito sencillo: revisar los pies diariamente
Observar los pies todos los días permite descubrir cambios antes de que se conviertan en complicaciones. Puede utilizarse un espejo para revisar la planta y el espacio entre los dedos.
Conviene buscar pequeñas cortaduras, ampollas, grietas, zonas enrojecidas, cambios de temperatura o cualquier lesión que no estuviera presente el día anterior.
La idea no es alarmarse ante cada marca, sino reconocer cuándo algo no sigue el proceso normal de curación. Una herida pequeña que no mejora puede ser la primera señal visible de un problema que afecta a todo el sistema cardiovascular.
Importante
Este contenido es informativo y no sustituye una consulta médica. Una herida persistente puede tener numerosas causas y necesita ser examinada, especialmente si existe diabetes o algún factor de riesgo cardiovascular.
Fuentes médicas consultadas:
- Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre — Síntomas de la enfermedad arterial periférica
- Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre — Diagnóstico de la enfermedad arterial periférica
- Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades — Enfermedad arterial periférica
- Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales — Diabetes y problemas en los pies
- Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades — Prevención de amputaciones relacionadas con la diabetes
