Psicología

Los diferentes tipos de temperamento

Los diferentes tipos de temperamento

Existe una clasificación básica en cuanto al temperamento. Éste guarda relación con el carácter de la persona, carácter que viene dado desde la concepción. Cuantas veces hemos escuchado a las mamás decir “Es que mi hijo ya nació con personalidad”, y es que comportamientos que ya mostramos desde pequeños determinan la forma de ser cuando somos adultos.


1. Sanguíneo. Las personas en las que predomina este temperamento son inquietas, nerviosas, expresivas, sociables, se distraen con facilidad, son sensibles a los estímulos, adaptables, generalmente extrovertidas y optimistas.

2. Melancólico. Estas personas suelen tener una mirada profunda y bonita, son tímidos, introvertidos, les gusta conversar cuando están en un entorno conocido, son sensibles y las cosas les duelen con facilidad. Profundizan en lo que les interesa o preocupa, a veces son indecisos, se ofenden fácilmente y pueden estar tristes sin razón aparente.

3. Colérico. El temperamento colérico pertenece a la persona que desafía, que pisa fuerte, que está segura de sí misma. Da la sensación de que «donde pone el ojo pone la bala», tiene buena capacidad de atención, rasgos de liderazgo y se enfrenta a los conflictos sin temor, aunque en su vertiente más negativa puede ser explosivo y controlador.

4. Flemático. Esta persona es tranquila y suele ser leal. Calmada, nunca tiene prisa, le gusta comer y dormir, está a gusto con la rutina y no le atraen los cambios. Es una persona meticulosa y toma su tiempo para hacer las cosas. Aunque pueda parecer que un flemático es tal vez menos despierto que un sanguíneo, los temperamentos no tienen nada que ver con la inteligencia, sino con las preferencias y reacciones emocionales ante la vida (Albert Einstein, por ejemplo, era flemático).

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Es importante recordar que el temperamento de cada cual es simplemente una guía práctica para reconocer nuestro carácter básico y saber qué estímulos o formas de resolver conflictos son más apropiados en cada caso, pero podemos simultanear rasgos de dos, o incluso tres, temperamentos, y también podemos, a lo largo de nuestra vida, poner más énfasis sobre unos rasgos que sobre otros. Cuanto más trabajemos y desarrollemos nuestra vida emocional, menos estáticos seremos y más conscientes de que nuestras necesidades, y las de nuestro entorno, están en continua evolución.