El indicador inicial del alzhéimer previo a la pérdida de memoria que casi nadie nota

Cuando se piensa en alzhéimer, se piensa en la memoria: la cita, el nombre, lo de ayer. Eso es, de hecho, lo que más se nota cuando la enfermedad ya asoma en consulta. Pero el proceso en el cerebro empieza años antes, en una fase en la que los test de memoria aún pueden salir razonables. Lo que a menudo se mueve primero no es el recuerdo: es el olfato.

Investigadores del Centro Alemán de Enfermedades Neurodegenerativas (DZNE) y de la LMU de Múnich han descrito por qué. En fases muy tempranas, la microglía —las células de defensa del cerebro— desmonta fibras que conectan el bulbo olfatorio con el locus coeruleus, un núcleo del tronco que regula vigilia, flujo sanguíneo y, también, el procesamiento de olores.

El resultado no es “ya no huelo nada de golpe”. Es más sutil: el jabón de siempre huele a poco, el café no avisa igual, se distingue peor entre olores parecidos.

Eso puede adelantarse varios años al deterioro cognitivo medible. En adultos cognitivamente normales, sobre todo si portan la variante APOE ε4, fallar en identificar olores se ha asociado con más riesgo posterior de deterioro y de alzhéimer.

En un trabajo clásico, cada punto perdido en un test de 16 olores se ligó a un 22 % más de probabilidad de diagnóstico ulterior. Hay estudios en los que el olfato predijo el declive cognitivo mejor que un test de memoria episódica en gente que aún “estaba bien”.

¿Por qué se pasa por alto?

El olfato se da por perdido con la edad, un resfriado, alergias, tabaco o, en los últimos años, una infección vírica. Los betabloqueantes y otros fármacos también lo embotan. Por eso casi nadie reserva cita por “ya no huelo el gel en la ducha”. No debería: un olfato flojo, él solo, no diagnostica alzhéimer. Diagnostica que conviene mirar el conjunto.

Otros cambios que pueden aparecer antes o a la vez, y que también se disfrazan de estrés o de “cosas de la edad”:

  • Orientarse peor en un parking conocido o al volver a casa de noche (la navegación espacial depende del hipocampo y puede fallar antes que el relato de lo que comiste).
  • Hablar con frases más simples, buscar la palabra, repetir la misma anécdota sin el “¿te lo conté?”.
  • Dormir peor: más latencia, menos eficiencia, a veces actuar sueños (más típico de otras enfermedades, pero el sueño alterado aumenta el riesgo de alzhéimer en metaanálisis).
  • Apatía, ánimo más bajo o retraimiento, que en revisiones se asocian con diagnóstico posterior —sobre todo si empiezan tarde y cerca del deterioro—.
  • Perder un poco de peso o oír peor: asociaciones a años vista, no pruebas.

La Alzheimer Association y los manuales clínicos siguen poniendo la memoria reciente como primer síntoma cognitivo típico. Lo que cambia el relato actual es el tramo preclínico: patología ya en marcha, queja mínima o nula, y un sensor —el olfato— que a veces avisa.

Qué no hacer con esta información

No hay que comprar un test de olores en internet y asustarse. Tampoco servir de olfato a la familia cada domingo. Si la pérdida es clara, persistente y no hay sinusitis ni un resfriado reciente, el interlocutor es el médico de cabecera o neurología, que valorará oído, ánimo, medicación, sueño y, si procede, un estudio cognitivo. En investigación ya se prueban tarjetas de olores en casa precisamente porque son baratas y no invasivas; aún no son cribado poblacional.

Tampoco hay que confundir esto con “ya está escrito”. Muchas personas con olfato flojo no desarrollan demencia. El alzhéimer se confirma con clínica, y cada vez más con biomarcadores (líquido, PET, sangre), no con una nariz.

Lo útil del dato es más humilde: el cerebro del olfato y el de la memoria comparten circuito. Cuando el primero afloja sin explicación, merece la misma atención que un olvido que empieza a repetirse. No para ponerle nombre esta tarde. Para no llegar al diagnóstico solo cuando la agenda ya no se sostiene.

Fuentes: Trabajo DZNE/LMU sobre microglía, bulbo olfatorio y locus coeruleus (2025); revisiones sobre déficit olfativo en el continuo del alzhéimer (Frontiers in Neuroscience); National Geographic sobre síntomas tempranos no clásicos; Asociación de Alzheimer (síntomas cognitivos iniciales); metaanálisis de manifestaciones prediagnósticas (Alzheimer’s & Dementia).