Algunos medicamentos podrían afectar la velocidad con que caminan las personas de la tercera edad

Andar más despacio no es solo “cosa de los años”. La velocidad de la marcha es una de las medidas más usadas en geriatría: predice caídas, pérdida de autonomía y, en estudios, incluso mortalidad.

Un cambio de unos 5 cm por segundo ya se considera relevante en clínica. Parte de ese enlentecimiento viene de articulaciones, músculo y equilibrio. Otra parte, cada vez más documentada, viene del botiquín.

No todos los fármacos

Los que más se asocian con un paso más lento son los que sedan, nublan la atención o bloquean la acetilcolina: benzodiacepinas e hipnóticos “Z”, muchos anticolinérgicos (antihistamínicos antiguos, algunos antidepresivos, pastillas para la vejiga, relajantes musculares), opioides y, cuando se suman dos o más psicofármacos, el cóctel entero.

¿Qué han medido los estudios?

En el estudio irlandés TILDA, con más de 2.600 personas mayores en la comunidad, quienes tomaban al menos un psicofármaco andaban más despacio, daban zancadas más cortas y tardaban más en levantarse y caminar (Timed Up and Go). Con dos o más, el riesgo de pasar a una marcha “anormal” a lo largo del tiempo subía. Antidepresivos, benzodiacepinas, anticolinérgicos e hipnóticos Z eran los más prescritos en ese grupo.

Una cohorte de 2025 en JAMA Network Open (más de 4.200 adultos) ligó una exposición alta y mantenida a anticolinérgicos con un descenso más rápido de la velocidad de marcha, del orden de lo que se considera un cambio clínico. La fuerza de agarre no se movió igual; el paso, sí.

Una revisión sistemática y metaanálisis de 16 trabajos concluyó que la carga anticolinérgica se asocia con peor movilidad y, al agrupar estudios, con menos velocidad al caminar. En consultas geriátricas, el índice que suma sedantes y anticolinérgicos (Drug Burden Index) se relaciona con un paso menos regular y menos complejo, no solo más lento.

La polifarmacia —cinco o más medicamentos crónicos, y en España cerca del 30 % de mayores de 65 y casi la mitad de los de 85 a 94— también se asocia con andar más despacio. Parte se explica porque quien toma muchos fármacos está más enfermo. En algunos análisis, la diferencia de marcha no desaparece del todo al ajustar por esas enfermedades.

¿Por qué el paso se corta?

Con la edad el hígado y el riñón aclaran peor muchos fármacos, hay menos “reserva” motora y cognitiva, y el balance se altera con menos. Los sedantes bajan la activación muscular y la atención al suelo.

Los anticolinérgicos interfieren en memoria, visión (enfoque, sequedad) y control de la vejiga, y el cerebro usa acetilcolina también para coordinar el movimiento. Quien piensa en dos cosas a la vez —hablar y andar— lo nota antes.

Los criterios Beers y STOPP-START recogen precisamente estas clases como potencialmente inapropiadas en mayores, sobre todo si hay caídas, demencia o fragilidad.

No todo se puede atribuir a un medicamento

Quien recibe un antidepresivo o un opioide suele tener dolor, depresión o insomnio, y eso también frena el paso. Dejar un fármaco necesario sin alternativa puede ser peor. Las estatinas o muchos hipotensores no encabezan estas listas de marcha; el problema son sobre todo el sistema nervioso y la carga acumulada.

Tampoco hay que automedir la velocidad en el pasillo y suspender pastillas. La revisión la hace el médico o el farmacéutico de atención primaria: indicación, dosis, hora (un sedante a media mañana no es lo mismo que por la noche) y si hay dos anticolinérgicos a la vez —por ejemplo, un antigripal con difenhidramina más oxibutinina para la vejiga.

En la práctica: si un padre o una madre anda más corto desde que se añadió un pastilla para dormir, para la alergia o para “los nervios”, merece mencionarlo en la próxima consulta. Recuperar un poco de velocidad no siempre es cuestión de más fisioterapia. A veces es quitar lo que ya no aporta y sí resta metros.

Fuentes consultadas:

TILDA (Journals of Gerontology, psicofármacos y marcha); cohorte de exposición anticolinérgica y velocidad de marcha (JAMA Network Open, 2025); metaanálisis de carga anticolinérgica y movilidad; criterios Beers y STOPP-START; datos de polimedicación en mayores (semFYC / BDCAP).