El mineral que ayuda a regular el ánimo y que el estrés puede hacerte perder más rápido

El estrés no solamente provoca cansancio, irritabilidad o dificultades para dormir. Cuando se mantiene durante demasiado tiempo, también puede alterar la manera en que el organismo utiliza y elimina ciertos nutrientes. Uno de los más importantes es el magnesio, un mineral indispensable para el funcionamiento de los músculos, el corazón y el sistema nervioso.

Algunas investigaciones han observado que las situaciones estresantes pueden modificar temporalmente la distribución del magnesio y aumentar su eliminación por la orina. Si esto se repite y, además, la alimentación aporta cantidades insuficientes, las reservas pueden verse afectadas.

Esto podría formar un círculo difícil de romper: el estrés favorece la pérdida de magnesio y una cantidad insuficiente de magnesio puede aumentar la vulnerabilidad frente al estrés.

¿Por qué el magnesio influye en el estado de ánimo?

El magnesio participa como cofactor en más de 300 sistemas enzimáticos. Esto significa que ayuda a que se produzcan numerosas reacciones relacionadas con la energía, la contracción muscular, la presión arterial, el ritmo cardíaco y la transmisión de los impulsos nerviosos.

En el cerebro, interviene en mecanismos relacionados con neurotransmisores como el glutamato, el GABA y la serotonina. Estas sustancias participan en la excitación neuronal, la relajación, el sueño y la regulación emocional.

El mineral también está relacionado con el funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, el sistema que activa la liberación de cortisol y otras hormonas cuando percibimos una amenaza.

Contar con suficiente magnesio ayuda a que el sistema nervioso pueda activarse y volver posteriormente a un estado de calma. Cuando existe una deficiencia, esta regulación podría resultar menos eficiente.

Por ese motivo, una cantidad insuficiente se ha relacionado con síntomas como irritabilidad, nerviosismo, cansancio, debilidad y dificultad para descansar. No obstante, estas manifestaciones también pueden tener muchas otras causas y no permiten diagnosticar una deficiencia por sí solas.

Lo que sucede con el magnesio cuando estás estresado

Ante una situación estresante, el cuerpo libera adrenalina, cortisol y otras sustancias destinadas a prepararnos para actuar. Como parte de esa respuesta, el magnesio puede desplazarse desde el interior de las células hacia la sangre y posteriormente eliminarse en mayor cantidad por los riñones.

Estudios realizados en personas expuestas a periodos de exámenes, ruido constante, ejercicio intenso o falta de sueño han encontrado cambios en las concentraciones sanguíneas, celulares o urinarias de magnesio.

Esto no significa que el mineral desaparezca por completo después de una discusión. El problema aparece cuando el estrés se vuelve frecuente o crónico, especialmente si coincide con una dieta pobre, problemas intestinales, consumo excesivo de alcohol o determinadas enfermedades.

Los riñones intentan conservar el magnesio cuando detectan que las reservas son bajas. Sin embargo, una alimentación insuficiente o unas pérdidas sostenidas pueden terminar superando esa capacidad de compensación.

El círculo entre el estrés y la falta de magnesio

La relación parece funcionar en ambos sentidos.

Por una parte, el estrés prolongado podría favorecer la eliminación y redistribución del mineral. Por otra, una cantidad insuficiente de magnesio puede afectar los mecanismos que moderan la excitación neuronal y la producción de hormonas del estrés.

En estas condiciones, la persona podría sentirse más irritable, agotada o sensible ante situaciones que normalmente toleraría mejor. Esa reacción genera todavía más tensión y mantiene activo el mismo ciclo.

No siempre es fácil saber qué apareció primero: el estrés que afectó al magnesio o la baja disponibilidad del mineral que redujo la tolerancia al estrés.

Además, durante las épocas difíciles, muchas personas duermen peor, consumen más alcohol, comen apresuradamente y sustituyen los alimentos frescos por productos ultraprocesados. Estos hábitos pueden reducir todavía más la cantidad de magnesio aportada por la dieta.

¿Puede el magnesio reducir la ansiedad?

Una revisión sistemática de estudios sobre suplementación encontró indicios de que el magnesio puede mejorar algunas mediciones subjetivas de ansiedad y estrés, especialmente en personas vulnerables o con una ingesta insuficiente.

Sin embargo, los resultados deben interpretarse con prudencia. Los estudios utilizaron dosis, tipos de suplementos y poblaciones muy diferentes. Algunos también combinaron magnesio con vitamina B6 u otros nutrientes, lo que dificulta atribuir el resultado exclusivamente al mineral.

La conclusión más razonable es que corregir una deficiencia puede contribuir al funcionamiento adecuado del sistema nervioso, pero tomar magnesio no actúa como un ansiolítico universal.

Quien ya obtiene suficiente cantidad mediante su alimentación podría no experimentar cambios al consumir un suplemento. Además, los trastornos de ansiedad tienen causas biológicas, psicológicas y sociales que no pueden reducirse a la falta de un solo nutriente.

Señales que pueden aparecer cuando falta magnesio

La deficiencia sintomática causada únicamente por una dieta deficiente es poco común en personas sanas, debido a que los riñones disminuyen su eliminación cuando las reservas empiezan a bajar.

Cuando la deficiencia aparece, sus primeras manifestaciones pueden incluir:

  • Cansancio y debilidad.
  • Falta de apetito.
  • Náuseas o vómitos.
  • Calambres y contracciones musculares.
  • Hormigueo o entumecimiento.
  • Irritabilidad o cambios de personalidad.

En los casos graves pueden producirse convulsiones, alteraciones del ritmo cardíaco y disminuciones del calcio o el potasio.

Estos síntomas no son exclusivos de la falta de magnesio. El cansancio, los calambres y la irritabilidad también pueden aparecer por anemia, enfermedades tiroideas, deshidratación, falta de sueño, medicamentos y numerosas condiciones médicas.

Las personas que tienen mayor riesgo

Algunos grupos presentan más probabilidades de desarrollar una ingesta inadecuada o perder demasiado magnesio:

  • Personas con enfermedad de Crohn, celiaquía, diarrea crónica o problemas de absorción intestinal.
  • Quienes tienen diabetes tipo 2, especialmente si la glucosa permanece elevada.
  • Adultos mayores.
  • Personas con dependencia del alcohol.
  • Quienes utilizan ciertos diuréticos.
  • Personas que toman durante periodos prolongados algunos medicamentos contra el reflujo.
  • Quienes consumen pocas legumbres, semillas, frutos secos, vegetales y cereales integrales.

También puede existir una ingesta baja sin que haya una deficiencia clínica. Según datos de encuestas nutricionales estadounidenses citados por los Institutos Nacionales de Salud, una proporción considerable de la población consume menos magnesio del estimado como necesario.

Los alimentos que aportan más magnesio

La mejor manera de aumentar su consumo es mediante alimentos naturales. Las principales fuentes incluyen:

  • Semillas de calabaza: aproximadamente 156 miligramos por cada 28 gramos.
  • Semillas de chía: alrededor de 111 miligramos por cada 28 gramos.
  • Almendras: aproximadamente 80 miligramos por cada 28 gramos.
  • Espinaca cocida: cerca de 78 miligramos por media taza.
  • Anacardos: alrededor de 74 miligramos por cada 28 gramos.
  • Frijoles negros: aproximadamente 60 miligramos por media taza.
  • Edamame.
  • Avena.
  • Arroz integral.
  • Crema de cacahuate.
  • Aguacate.
  • Yogur natural.

En términos generales, los hombres adultos necesitan entre 400 y 420 miligramos diarios, mientras que las mujeres adultas requieren entre 310 y 320 miligramos, con cantidades diferentes durante el embarazo.

Una alimentación que incluya semillas en el desayuno, legumbres en la comida, vegetales verdes y un puñado de frutos secos puede aportar una cantidad considerable sin necesidad de recurrir directamente a cápsulas.

Por qué un análisis normal no siempre cuenta toda la historia

La mayor parte del magnesio se encuentra dentro de las células, en los músculos y en los huesos. Menos del 1 % circula en el suero sanguíneo.

Por eso, el análisis de sangre más habitual no siempre refleja con exactitud las reservas totales del organismo. El cuerpo mantiene las concentraciones sanguíneas dentro de un margen estrecho, incluso cuando la disponibilidad en otros tejidos comienza a disminuir.

No existe una única prueba capaz de evaluar perfectamente el estado del magnesio. El médico puede considerar los análisis, los síntomas, la alimentación, los medicamentos utilizados y la presencia de enfermedades que aumenten las pérdidas.

¿Es conveniente tomar un suplemento?

Los suplementos pueden ser necesarios cuando existe una deficiencia diagnosticada, una enfermedad que dificulta la absorción o un tratamiento médico que aumenta las pérdidas. Pero no todas las personas estresadas necesitan tomarlos.

Las dosis elevadas pueden provocar diarrea, náuseas y cólicos abdominales. El límite máximo establecido para el magnesio procedente de suplementos o medicamentos es de 350 miligramos diarios en adultos, salvo que un profesional indique otra cantidad. Este límite no incluye el magnesio presente naturalmente en los alimentos.

Las personas con enfermedad renal deben tener especial precaución, porque sus riñones podrían no eliminar correctamente el exceso. Una acumulación severa puede causar debilidad, presión arterial baja, dificultades respiratorias y alteraciones peligrosas del ritmo cardíaco.

El magnesio también puede interferir con algunos antibióticos y medicamentos para la osteoporosis. Por ello, no conviene iniciar dosis elevadas sin revisar primero las posibles interacciones.

El magnesio ayuda, pero no sustituye el cuidado de la salud mental

Una alimentación adecuada puede contribuir a que el sistema nervioso disponga de los nutrientes que necesita. Sin embargo, la ansiedad persistente, la tristeza profunda, los ataques de pánico o el insomnio prolongado no deberían tratarse únicamente con suplementos.

El magnesio puede ser una pieza del bienestar general, junto con el descanso, el ejercicio, una alimentación variada y el manejo del estrés. No sustituye la psicoterapia, la evaluación médica ni los tratamientos indicados para un trastorno de ansiedad o depresión.

Cuando el malestar comienza a afectar el trabajo, las relaciones, el sueño o la capacidad de realizar las actividades cotidianas, es recomendable buscar ayuda profesional.

El verdadero beneficio no consiste en esperar que una cápsula elimine el estrés, sino en evitar que una alimentación deficiente añada otro problema a una etapa difícil. Mantener una ingesta adecuada de magnesio permite que el organismo disponga de un mineral esencial para los nervios, los músculos, el corazón y los mecanismos con los que responde a las exigencias diarias.

Fuentes: