Psicología

La percepción de la realidad – Ilusiones ópticas

La forma en la que la subjetividad humana está adueñada de sí misma culmina en la consciencia reflejada de un “yo” que no solo conoce lo que hay fuera de él, sino que a la vez se conoce en alguna manera a sí mismo.

Cómo percibe el hombre la realidad, su entorno y a sí mismo

La percepción de la realidad está relacionada al yo que la interpreta, sin embargo, definir la consciencia del yo es lo verdaderamente complejo.

La estructura de esta conciencia muy difícil de definir, pero vagamente describible en principio como un tener noticia o “darse cuenta de”, ha sido muy estudiada en los tiempos modernos por una corriente filosófica que se conoce con el nombre de fenomenología.

Los representantes principales de esta corriente, Franz Brentano y Edmund Husserl, se ocuparon de poner en manifiesto que la propiedad esencial de la conciencia es la de estar siempre referida a algo, la de ser “consciencia de”, esto es, la de ser intencional.

En efecto, ser consciente implica necesariamente serlo de algo, de algún objeto, sea el que sea, a la vez que toda la conciencia humana cabal implica el conocimiento explícito o tácito, de que esa conciencia de algo lo es también de alguien.

Ahora bien, esa conciencia que es siempre “de algo de alguien”, posee evidentemente una estructura funcional muy variada. Primariamente, la relación intencional de la conciencia con el mundo se lleva a cabo a través de una sensibilidad que capta de diversas maneras la realidad exterior.

Esas maneras son justamente las percepciones, los modos de la sensibilidad en cuya virtud las estimulaciones exteriores se le aparecen al hombre configuradas como mundo.

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¿Percibe el hombre las cosas tales como son?

Evidentemente no, o, al menos, no siempre. Las ilusiones perceptivas, ópticas, táctiles o auditivas nos muestran de forma palmaria que nuestra percepción de la realidad no es siempre fidedigna

El hombre es la medida de todas las cosas, de las que son y de las que no lo son, y algo así, en verdad, parece ocurrir con la actividad perceptiva humana.

ilusiones ópticas y nuestra percepción de la realidad

Ilusiones ópticas

Cabría, si nos encontramos en vena filosófica, preguntarnos incluso si los colores que vemos son en realidad una propiedad real de las cosas o si, por el contrario, son cualidades que nuestro cerebro “fabrica”, por decirlo de algún modo, al ser estimulados sus receptores visuales por ondas electromagnéticas de cierta longitud.

John Locke denominó a estas cualidades como el color, el olor o el sonido, cualidades “secundarias”, o sea, cualidades que no pertenecen propiamente a las cosas mismas, sino a nuestro modo de percibirlas o ser afectados por ellas.

Retomando la apreciación del filósofo sofista Protágoras de Abdera, “El hombre no ve las cosas tal y como son en si mismas, sino tales y como son para él”. Esta “subjetividad” o carácter relativo de la percepción posee, por lo demás, un profundo significado psicológico:

Si penetrara en nuestra mente toda la información que, en forma de energía estimulante, llega constantemente a nuestros sentidos, viviríamos en un caos de impresiones carentes de significados.

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En virtud de complicados procesos en que se ponen en juego los sistemas de alerta y activación tronco-encefálicos, nuestra sensibilidad no se limita a reflejar dócilmente lo que ocurre a nuestro alrededor. Los mecanismos atencionales se encargan de filtrar la información que nos llega, reforzando algunos de sus aspectos e ignorando o minimizando otros.

Quizás el hombre no llegue a ser la medida de todas las cosas, pero lo es, sin dudas, de su percepción.

El aprendizaje onírico

Sobre la viabilidad de este aprendizaje onírico se ha discutido mucho en los últimos siglos o antes incluso desde otras premisas. Los psicólogos rusos que han trabajado en este campo pretenden haber demostrado que el hombre puede acumular conocimientos que le son suministrados auditivamente durante el sueño y a niveles de tan leve intensidad, que no perturban el descanso.

Los psicólogos americanos e ingleses, que han estudiado por su parte el problema, mantienen la opinión de que, efectivamente, los sujetos aprenden, pero no mientras están verdaderamente dormidos, sino durante una especie de duermevela en que no cabría hablar de sueño genuino.

La polémica no está resuelta, ni mucho menos, todavía; pero lo cierto es que con estas experiencias se ha abierto un nuevo camino hacia el interior de la mente. Si este camino se ha de utilizar para elevar la calidad personal de los seres humanos o para implementarles obsesivamente consignas como las del “mundo feliz”, acaso la historia pueda decirlo algún DIA.

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