Los sudores nocturnos pueden ser señales de algunas enfermedades graves

Despertarse empapado en sudor, sin que la habitación esté especialmente calurosa ni las mantas sean excesivas, es una experiencia incómoda que la mayoría de las personas ha vivido alguna vez.

En la mayoría de los casos no hay nada grave detrás. Pero en un número más reducido, los sudores nocturnos —especialmente cuando son intensos, recurrentes y empapan la ropa o las sábanas— pueden ser la primera señal visible de una enfermedad que requiere atención médica.

Qué dice la Mayo Clinic sobre cuándo preocuparse

Según explica la Mayo Clinic, para la gran mayoría de las personas los sudores nocturnos no representan una preocupación médica real: suelen deberse a la temperatura de la habitación, el tipo de ropa de cama, la menopausia o simplemente a variaciones normales del cuerpo.

Sin embargo, la institución señala una serie de “señales de alarma” que, si aparecen junto con los sudores nocturnos —especialmente si son un síntoma nuevo—, sí ameritan una consulta médica: fiebre, cambios en el apetito (en particular, pérdida de apetito), pérdida de peso sin explicación, inflamación de los ganglios linfáticos o la aparición de sarpullido.

Las enfermedades más asociadas con este síntoma

Una revisión clínica publicada en la revista American Family Physician, de la Academia Americana de Médicos de Familia, detalla las causas médicas que con más frecuencia se investigan cuando un paciente consulta por sudores nocturnos recurrentes:

Tuberculosis. Es uno de los ejemplos más citados en la formación médica: los sudores nocturnos ocurren en aproximadamente la mitad de los casos de tuberculosis activa, y en su forma pulmonar suelen acompañarse de tos persistente, fiebre baja y pérdida de peso.

Linfoma y otros cánceres de la sangre. El linfoma de Hodgkin es particularmente conocido por presentar una tríada de síntomas llamada “síntomas B”: fiebre, pérdida de peso inexplicada y sudores nocturnos intensos, presente en cerca de un tercio de los pacientes en el momento del diagnóstico. La leucemia puede causar un cuadro similar.

VIH. La infección por el virus de inmunodeficiencia humana puede causar fiebre acompañada de sudores nocturnos, ya sea por el virus en sí o por infecciones oportunistas asociadas.

Endocarditis infecciosa. Esta infección del revestimiento interno del corazón y sus válvulas, generalmente causada por bacterias que entran al torrente sanguíneo, produce fiebre, escalofríos y sudores nocturnos, y puede derivar en daño cardíaco si no se trata a tiempo.

Hipertiroidismo e hipoglucemia. Un exceso de hormona tiroidea acelera el metabolismo del cuerpo y puede provocar sudoración excesiva, incluida la nocturna. De forma similar, una caída del azúcar en sangre por debajo de 70 mg/dL durante la noche —algo que puede ocurrir en personas con diabetes que usan insulina u otros medicamentos hipoglucemiantes— puede desencadenar sudores intensos como respuesta del cuerpo.

Enfermedades autoinmunes. Condiciones como la arteritis de células gigantes, un tipo de inflamación de los vasos sanguíneos, pueden alterar la regulación de la temperatura corporal por la noche a través de la liberación de sustancias inflamatorias.

Una aclaración importante, con honestidad

Aunque la tuberculosis y el linfoma son los ejemplos que con más frecuencia aparecen en la literatura médica al hablar de sudores nocturnos, la misma revisión de American Family Physician aclara algo relevante: en la práctica clínica actual, estas dos enfermedades rara vez terminan siendo la causa real de un caso de sudores nocturnos.

Siguen siendo diagnósticos importantes que un médico debe descartar, pero la gran mayoría de los casos evaluados en consulta se explican por causas mucho más comunes y benignas: la menopausia, el reflujo gastroesofágico, la apnea del sueño, ciertos medicamentos (antihipertensivos, antidepresivos, antipiréticos) o el consumo de alcohol.

Cuándo consultar a un médico

Conviene buscar evaluación médica si los sudores nocturnos son un síntoma nuevo, ocurren de forma regular e interrumpen el sueño, o se presentan junto con cualquiera de estas señales: fiebre, pérdida de peso sin causa aparente, dolor en una zona específica del cuerpo, tos persistente, diarrea, aumento o inflamación de los ganglios linfáticos, o si comienzan meses o años después de haber superado los síntomas de la menopausia.

Un médico puede orientar la evaluación con base en la historia clínica, un examen físico y, si es necesario, análisis de sangre o estudios de imagen dirigidos a descartar las causas más relevantes según cada caso.

Fuentes