¿Por qué a algunas personas les resulta más difícil meterse a la cama en la noche?

Te sientes agotado y has tenido un largo día de trabajo antes de volver a casa para hacer la cena, hacer algunas tareas y relajarte, y ahora es hora de acostarte; pero por alguna razón, a pesar de que has estado luchando por mantenerte despierto todo el día, no puedes dejar de hacer lo que estás haciendo y dormirte.

Persona con problemas para conciliar el sueño

Si esto te suena familiar, te complacerá saber que no eres el único que carece de fuerza de voluntad cuando es hora de acostarse. Es algo que sucede tan a menudo a muchas personas en el mundo, que dos investigadoras de la Universidad Técnica de Dresde, en Alemania, han investigado qué podría estar impulsando este fenómeno.

¿Por qué puede ser tan difícil para algunas personas irse a la cama?

Ellas creían que el fracaso de conseguir dormirnos por la noche es un fracaso de nuestro autocontrol: por alguna razón, no podemos reunir la fuerza de voluntad necesaria para hacer lo que tenemos que hacer. Además, postularon que nuestras creencias sobre nuestra propia fuerza de voluntad pueden predecir cuánto tiempo postergaremos el momento de acostarnos.

El equipo proporcionó cuestionarios a 173 participantes en edad universitaria. Primero, se les pidió a los participantes que señalaran si estaban de acuerdo o en desacuerdo con una serie de declaraciones, cada una de las cuales reflejaba una de las dos teorías de la fuerza de voluntad.

Quienes creen en la teoría “limitada” ven la fuerza de voluntad como un recurso finito: una vez que la hayas agotado, desaparecerá hasta que la relajación o el sueño la repongan. Los defensores de la teoría “no limitada”, por otro lado, creen que la fuerza de voluntad se puede aprovechar en cualquier momento utilizando el autocontrol.

Los participantes también calificaron sus propios niveles de autocontrol e indicaron si se veían a sí mismos o en una personas madrugadoras o nocturnas. También se les preguntó cuál sería su hora de acostarse ideal.

Después de este cuestionario inicial, los participantes escribieron en un diario cada día durante diez días. Se enviaron encuestas cada mañana, para medir a qué hora los participantes se habían ido a dormir la noche anterior (a diferencia de cuándo se habían acostado), cuándo se habían despertado y qué tan bueno fue su sueño. También se midieron los niveles de estrés.

El último de los diez cuestionarios midió la procrastinación antes de acostarse, pidiendo a los participantes que seleccionen en una escala de cinco puntos si tienen más probabilidades de acostarse más tarde de lo previsto o de acostarse temprano.

Los resultados sugirieron que las teorías de la fuerza de voluntad influyen en cuánto se demoran las personas en acostarse para dormir. Quienes se basaban en la teoría no limitada de la fuerza de voluntad eran mucho menos propensos a posponer el sueño en días muy estresantes.

Por otro lado, aquellos que tenían una teoría limitada de la fuerza de voluntad postergaban su sueño durante aproximadamente 40-50 minutos, independientemente de lo estresante que fuera su día.

Un segundo estudio analizó el efecto en adolescentes. Un total de 137 estudiantes de séptimo, octavo y noveno grado recibieron encuestas en papel y lápiz cada mañana en clase durante cuatro días. También se recopiló información sobre el autocontrol y las teorías de la fuerza de voluntad.

Los adolescentes son el principal foco de atención

Los adolescentes pueden tener padres que les dicen que se vayan a la cama, pero los resultados sugieren que la postergación del sueño sigue siendo un problema importante: en promedio, los estudiantes que participaron en el estudio postergaban su hora de acostarse ideal hasta una hora y media.

Y, como lo encontró el primer estudio, las teorías del estrés y la fuerza de voluntad tuvieron un impacto combinado sobre en qué momento los estudiantes se iban a la cama. Quienes creían en la teoría limitada posponían más la hora de dormir en los días estresantes.

Esto afectaba el tiempo que dormían y, a menudo, la calidad de su sueño, mientras que aquellos con la teoría no limitada no mostraban ninguna diferencia entre los días de alto y bajo estrés.

Lo que no sabemos, y lo que esta investigación no menciona, es por qué exactamente las personas que creen que tienen una reserva limitada de energía mental sienten la necesidad de posponer su hora de acostarse cuando están estresadas.

Se opta por actividades que distraigan en vez del descanso

Lógicamente, si han tenido un día malo o estresante, deberían tener muchas ganas y estar alegres por acostarse. Pero, de acuerdo con estos resultados, lo más probable es que alarguen más su día.

El equipo tiene algunas sugerencias sobre por qué esto es así. En primer lugar, aquellos que se identifican con la teoría limitada pueden sentir que necesitan más tiempo para recuperarse de un día estresante, por lo que pasan más tiempo dedicándose a actividades relajantes o sin propósito como mirar televisión.

Estas actividades también tienen el beneficio adicional de proporcionar gratificación instantánea: sí, podríamos sentirnos renovados después de una buena noche de sueño, pero tenemos que esperar ocho horas para eso. Si nos quedamos en Internet un poco más, recibiremos ese impulso de inmediato.

Tener una mejor comprensión de las cosas que hace la gente para procrastinar también puede ser útil: algunas pueden buscar relajarse, mientras que otras pueden ponerse al día con sus tareas y responsabilidades de un día estresante.

Determinar qué es exactamente lo que obtenemos de estas actividades puede ser un buen primer paso en el camino hacia una mejor noche de sueño.

Bibliografía:
  1. Too exhausted to go to bed: Implicit theories about willpower and stress predict bedtime procrastinationKatharina Bernecker. Veronika Job. First published:10 March 2019 [Enlace]

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