Un fármaco creado para combatir el cáncer podría frenar la expansión del párkinson en el cerebro

La enfermedad de Parkinson, el segundo trastorno neurodegenerativo más común a nivel mundial, se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas dopaminérgicas y la acumulación de una proteína tóxica: la alfa-sinucleína. Actualmente, los tratamientos solo controlan los síntomas, pero una línea de investigación innovadora está explorando si un medicamento oncológico ya aprobado, el Nilotinib (utilizado para tratar ciertos tipos de leucemia), podría ser la clave para frenar la progresión de la enfermedad.

La reorientación de fármacos ya existentes, una estrategia conocida como drug repurposing, acelera el desarrollo de tratamientos, ya que estos medicamentos han superado las pruebas iniciales de seguridad en humanos.

La toxicidad en el párkinson: el problema de la alfa-sinucleína

La patología central del párkinson reside en la formación de cúmulos anormales de la proteína alfa-sinucleína en las neuronas, que forman lo que se conoce como cuerpos de Lewy. Se cree que estos agregados tóxicos no solo matan a las neuronas que producen dopamina, sino que también se extienden a otras partes del cerebro en un proceso similar a una infección, causando los síntomas motores (temblor, rigidez) y no motores (cognitivos, del sueño).

Frenar la expansión de esta proteína es el objetivo de los tratamientos modificadores de la enfermedad, algo que la farmacología tradicional no ha logrado hasta ahora. Aquí es donde entra en juego la función inesperada de un inhibidor de la tirosina cinasa.

El Nilotinib: de la leucemia a la neuroprotección

El fármaco Nilotinib (comercializado bajo el nombre de Tasigna, entre otros) fue aprobado por la FDA para tratar la leucemia mieloide crónica (LMC). Su mecanismo de acción original es bloquear las enzimas (tirosina cinasas) que causan la proliferación incontrolada de células cancerosas.

Sin embargo, en el contexto del párkinson, los investigadores descubrieron que el Nilotinib actúa sobre una vía diferente:

  • Cruza la barrera hematoencefálica: Una de las grandes dificultades de los fármacos neurológicos es su incapacidad para acceder al cerebro, protegido por la barrera hematoencefálica. El Nilotinib ha demostrado ser capaz de cruzar esta barrera de manera efectiva.
  • Acelera la “limpieza” celular: Una vez en el cerebro, se ha postulado que el fármaco activa los procesos de autofagia (el mecanismo de reciclaje y limpieza celular) y los lisosomas (los contenedores de residuos de la célula). Al mejorar esta maquinaria de limpieza interna, el Nilotinib podría ayudar a las neuronas a deshacerse de los agregados tóxicos de alfa-sinucleína, deteniendo así la propagación de la toxicidad.

Resultados iniciales: promesas y cautela en los ensayos clínicos

El interés por el Nilotinib se disparó tras un pequeño ensayo clínico de fase I realizado en el Centro Médico de la Universidad de Georgetown (GUMC) en Washington D. C. En este estudio inicial, doce pacientes con párkinson avanzado o demencia con cuerpos de Lewy recibieron dosis bajas de Nilotinib durante seis meses.

Los resultados, aunque preliminares y sin un grupo de control con placebo (algo crucial en ciencia):

  • Mejoras clínicas: Algunos pacientes mostraron mejorías notables en las habilidades motoras, la cognición y la función no motora. Se reportaron casos de pacientes que recuperaron cierta fluidez al hablar o la capacidad de caminar.
  • Cambios en biomarcadores: Se observaron cambios estadísticamente significativos en biomarcadores clave relacionados con la enfermedad en el líquido cefalorraquídeo de los pacientes, sugiriendo una posible eliminación de proteínas tóxicas como la alfa-sinucleína y la proteína Tau.

Importante: La comunidad científica y los propios investigadores recalcan que estos resultados deben interpretarse con extrema cautela debido al tamaño reducido del grupo y la ausencia de un grupo de control.

La hoja de ruta de la investigación: ¿Qué viene después?

El entusiasmo por los hallazgos de fase I ha impulsado la investigación. Actualmente, se están llevando a cabo ensayos clínicos más grandes, de fase II y doble ciego, que comparan el fármaco contra un placebo. Estos estudios son fundamentales para:

  1. Confirmar la seguridad a largo plazo en pacientes con párkinson.
  2. Determinar la eficacia real en detener o ralentizar la progresión de la enfermedad.
  3. Establecer la dosis óptima que equilibre el beneficio terapéutico con los posibles efectos secundarios, dado que el Nilotinib es un potente medicamento oncológico.

En paralelo, otras líneas de investigación también exploran otros fármacos oncológicos con efectos similares. Por ejemplo, estudios recientes han identificado que el metabolito de otro fármaco contra el cáncer, el Rucaparib, también reduce la acumulación de alfa-sinucleína, abriendo vías terapéuticas adicionales.

El futuro del párkinson podría estar en reinterpretar el uso de medicamentos ya conocidos. El Nilotinib se ha posicionado como un candidato prometedor que, si demuestra ser efectivo en ensayos a gran escala, podría marcar un antes y un después en el manejo de las enfermedades neurodegenerativas.