7 síntomas silenciosos de coágulos sanguíneos a los que hay que prestar atención

Un coágulo sanguíneo puede formarse sin causar molestias evidentes y pasar inadvertido hasta que comienza a bloquear la circulación. En algunos casos, el primer indicio aparece cuando el coágulo llega a los pulmones y provoca una complicación potencialmente mortal.

Los coágulos que se forman en las venas profundas, especialmente en las piernas, se conocen como trombosis venosa profunda. Si una parte se desprende y viaja hasta los pulmones, puede causar una embolia pulmonar.

Reconocer las señales a tiempo puede marcar la diferencia. Aunque algunos síntomas también aparecen en problemas menos graves, hay cambios que requieren atención médica inmediata.

1. Hinchazón inexplicable en una sola pierna

Una pierna que comienza a hincharse sin una causa clara es una de las señales más importantes de una posible trombosis venosa profunda. La inflamación puede afectar la pantorrilla, el tobillo o incluso toda la extremidad.

La razón es que el coágulo puede dificultar el retorno de la sangre hacia el corazón, haciendo que se acumule líquido en los tejidos.

Presta especial atención si una pierna se ve notablemente más grande que la otra, sobre todo cuando la hinchazón aparece de manera reciente y no se explica por una lesión.

No esperes a que la inflamación sea intensa para buscar atención médica. Una trombosis puede avanzar aunque las molestias iniciales parezcan leves.

2. Dolor o sensibilidad en la pantorrilla

El dolor asociado con un coágulo no siempre es intenso ni aparece de golpe. Algunas personas sienten una molestia persistente, sensibilidad al tocar la zona o un dolor que se vuelve más evidente al caminar o permanecer de pie.

En ocasiones, puede confundirse con una contractura, una sobrecarga muscular o el dolor posterior al ejercicio.

La diferencia es que una molestia muscular no permite descartar una trombosis, especialmente si aparece sin una explicación convincente y se acompaña de hinchazón, calor o cambios en la piel.

No es necesario presentar todos estos síntomas para que exista un coágulo. Si aparece un dolor nuevo e inexplicable en una pierna, particularmente con inflamación, conviene recibir una valoración médica urgente.

3. Calor localizado en una zona de la extremidad

Otra señal posible es que una parte de la pierna o del brazo se sienta más caliente que el tejido circundante.

Este cambio puede producirse por la inflamación asociada con el coágulo. La piel puede sentirse caliente al tacto, especialmente en la región dolorida o hinchada.

Por sí solo, el calor localizado no confirma una trombosis: también puede aparecer con infecciones, lesiones y otros procesos inflamatorios. Sin embargo, si surge junto con dolor o hinchazón de una sola extremidad, no conviene ignorarlo.

La combinación de varios signos es especialmente relevante, aunque solo una evaluación clínica y las pruebas indicadas por el personal sanitario pueden determinar si existe un coágulo.

4. Enrojecimiento o cambio de color en la piel

La piel de la zona afectada puede enrojecerse o adquirir una tonalidad diferente a la habitual. También puede verse más oscura o violácea, dependiendo de la persona y de las características del problema circulatorio.

Este cambio puede pasar desapercibido al principio, sobre todo si la inflamación es discreta. En pieles oscuras, el enrojecimiento puede ser menos evidente, por lo que conviene prestar atención también a la temperatura, el dolor y la diferencia de volumen entre ambas extremidades.

Una alteración de color aislada no significa necesariamente que exista una trombosis. Pero cuando aparece junto con molestias nuevas en una pierna o un brazo, merece valoración médica.

5. Falta de aire que aparece repentinamente

Este es uno de los síntomas que más atención requieren. Una embolia pulmonar ocurre cuando un coágulo bloquea una arteria de los pulmones y puede provocar dificultad respiratoria de aparición súbita.

La persona puede sentir que no consigue llenar los pulmones de aire, que respirar requiere un esfuerzo inusual o que le falta el aliento sin haber realizado una actividad que lo justifique.

En ocasiones, la dificultad respiratoria aparece sin que antes haya existido dolor o hinchazón en las piernas. Por eso, no tener síntomas de trombosis en una extremidad no descarta una embolia pulmonar.

Si experimentas falta de aire repentina e inexplicable, busca atención de emergencia de inmediato. No esperes a que aparezcan otras señales.

6. Dolor en el pecho que empeora al respirar

Un dolor torácico que se intensifica al inspirar profundamente o al toser puede ser otra manifestación de una embolia pulmonar.

Algunas personas lo describen como una punzada en un lado del pecho. Otras sienten una molestia más difusa o una presión que les dificulta respirar con normalidad.

Este síntoma tiene muchas causas posibles, pero puede ser una señal de alarma cuando aparece de forma inesperada, especialmente si se acompaña de falta de aire, respiración rápida, mareo o latidos acelerados.

El dolor repentino en el pecho, sobre todo si se combina con dificultad respiratoria, requiere atención de emergencia. No intentes determinar en casa si se trata de un coágulo, un problema muscular o una afección cardíaca.

7. Latidos acelerados, mareo o desmayo sin explicación

Cuando un coágulo afecta la circulación pulmonar, el corazón puede latir más rápido para intentar mantener el suministro de sangre y oxígeno al organismo. En consecuencia, algunas personas experimentan palpitaciones, debilidad, aturdimiento o sensación de desmayo.

Estos síntomas son inespecíficos y también pueden deberse a arritmias, deshidratación, ansiedad y otros problemas. Sin embargo, si aparecen repentinamente junto con falta de aire o dolor torácico, deben considerarse una posible emergencia.

El desmayo, la dificultad respiratoria intensa o el dolor de pecho repentino justifican llamar al servicio de emergencias. No conduzcas por tu cuenta si te encuentras en esa situación.

¿Quién tiene más riesgo de desarrollar coágulos sanguíneos?

Aunque pueden afectar a personas de distintas edades, hay circunstancias que aumentan el riesgo:

  • Cirugía reciente, hospitalización o reposo prolongado.
  • Viajes largos con poca movilidad.
  • Antecedentes personales o familiares de trombosis.
  • Cáncer y determinados tratamientos médicos.
  • Embarazo y periodo posterior al parto.
  • Uso de ciertos anticonceptivos hormonales o terapia hormonal con estrógenos.
  • Edad avanzada y obesidad.

Tener uno de estos factores no significa que necesariamente vaya a formarse un coágulo, pero es información importante para el personal sanitario cuando aparecen síntomas sospechosos.

¿Qué debes hacer si reconoces alguna de estas señales?

Si aparece hinchazón, dolor, calor o cambio de color inexplicable en una sola pierna o brazo, busca atención médica urgente para descartar una trombosis. No esperes varios días a comprobar si desaparece.

Si tienes falta de aire repentina, dolor en el pecho, tos con sangre, palpitaciones intensas acompañadas de otros síntomas o desmayo, llama al servicio de emergencias inmediatamente. En México puedes llamar al 911.

No intentes diagnosticarte mediante una lista de síntomas ni tomes anticoagulantes por tu cuenta. El diagnóstico puede requerir una exploración, análisis de sangre y estudios de imagen, según el caso.

También es importante recordar que algunas trombosis no producen síntomas perceptibles. La ausencia de señales no garantiza que no exista un coágulo, especialmente en personas con factores de riesgo importantes.

La mejor protección consiste en conocer tus riesgos, evitar la inmovilidad prolongada cuando sea posible y buscar atención sin demora ante síntomas sospechosos. Un coágulo detectado a tiempo puede tratarse, mientras que ignorar las señales de una posible embolia pulmonar puede tener consecuencias graves.

Fuentes consultadas: