El control del dolor crónico es uno de los mayores desafíos en la medicina geriátrica. Sin embargo, en la búsqueda de alivio para afecciones como la artrosis o el dolor de espalda, un fármaco ha encendido las alarmas de las sociedades de geriatría en todo el mundo: el Tramadol.

A menudo percibido como un analgésico “intermedio” o más suave que la morfina, el Tramadol es, en realidad, un opioide atípico con mecanismos de acción complejos que pueden resultar devastadores para el organismo de una persona mayor. La razón principal por la que los expertos recomiendan evitarlo, o usarlo bajo una vigilancia extrema, reside en su impacto directo sobre el sistema nervioso central y su estrecho margen de seguridad en pacientes polimedicados.
1. El riesgo crítico de mareos y pérdida del equilibrio
A medida que envejecemos, el sistema vestibular (encargado del equilibrio) y la capacidad de reacción disminuyen de forma natural. El Tramadol actúa alterando la recaptación de serotonina y noradrenalina, además de su efecto opioide. Esta combinación provoca con frecuencia mareos persistentes y vértigo.
Para un adulto joven, un mareo puede ser una molestia; para un adulto mayor, un mareo es el preludio de una catástrofe. La inestabilidad provocada por el fármaco altera la marcha y la percepción espacial, lo que aumenta de manera exponencial el riesgo de accidentes domésticos.
2. Confusión mental y deterioro cognitivo agudo
Uno de los efectos secundarios más alarmantes del Tramadol en la tercera edad es la confusión mental, que puede escalar rápidamente hasta un estado de delirium. El cerebro envejecido es mucho más sensible a los efectos psicotrópicos de los opioides.
Es común que familiares de pacientes que inician tratamiento con Tramadol reporten desorientación, pérdida de la memoria a corto plazo o alucinaciones. En muchos casos, estos síntomas se confunden erróneamente con demencia senil, cuando en realidad son una reacción adversa al medicamento. El fármaco “nubla” la cognición, reduciendo la autonomía del paciente y dificultando la toma de decisiones básicas.
3. El peligro invisible: Caídas y fracturas de cadera

La combinación de los dos puntos anteriores —mareos y confusión— culmina en el desenlace más temido por los geriatras: las caídas. Las estadísticas clínicas muestran una correlación directa entre el inicio del tratamiento con Tramadol y un aumento en los ingresos hospitalarios por traumatismos.
Una caída en un adulto mayor no suele limitarse a un golpe; debido a la fragilidad ósea (osteoporosis), estas caídas derivan frecuentemente en fracturas de cadera. La recuperación de una cirugía de este tipo en edades avanzadas es sumamente compleja y conlleva un alto riesgo de discapacidad permanente o complicaciones pulmonares por la inmovilidad prolongada. Por ello, el beneficio de aliviar un dolor de espalda rara vez supera el riesgo de terminar con una fractura incapacitante.
4. Interacciones medicamentosas y Síndrome Serotoninérgico
Los adultos mayores suelen tomar otros medicamentos para la presión arterial, la diabetes o la depresión. El Tramadol interactúa de forma peligrosa con muchos antidepresivos comunes (como la fluoxetina o sertralina), pudiendo causar el síndrome serotoninérgico.
Este cuadro clínico se caracteriza por rigidez muscular, fiebre, temblores y convulsiones. Además, el Tramadol puede reducir el umbral convulsivo del paciente, aumentando el riesgo de ataques incluso en personas que nunca han sufrido de epilepsia.
5. Retención urinaria y estreñimiento severo
Finalmente, el uso de Tramadol ralentiza significativamente el sistema digestivo y el tracto urinario. En hombres con hiperplasia benigna de próstata, el fármaco puede provocar una retención urinaria aguda, una emergencia médica dolorosa. Asimismo, el estreñimiento provocado por opioides en adultos mayores puede derivar en obstrucciones intestinales graves que requieren intervención quirúrgica.
Alternativas y precaución
La recomendación médica actual es clara: el Tramadol debe ser una de las últimas opciones en la escalera analgésica para el adulto mayor. Antes de recurrir a este opioide, se deben agotar otras vías como la fisioterapia, analgésicos no opioides bajo supervisión y cambios en el estilo de vida.
Si el uso de Tramadol es estrictamente necesario, debe iniciarse con la dosis mínima posible (“empezar bajo e ir despacio”), bajo el cuidado de un médico que evalúe semanalmente la estabilidad, el estado cognitivo y la hidratación del paciente. Proteger la integridad física y mental de nuestros mayores empieza por cuestionar la seguridad de lo que guardamos en su botiquín.
