Lenguaje corporal: 5 mitos desmentidos por la ciencia

Nos comunicamos no solo a través de palabras, sino también a través de gestos, miradas y expresiones faciales, o sea, a través de un lenguaje corporal.

Persona de brazos cruzados

En algún momento, la gente decidió que los mensajes no verbales se pueden descifrar como cualquier otro idioma, y ​​que cada gesto o movimiento tiene su propia “traducción”. Como resultado, nacieron varias teorías que están bastante lejos de ser verdad.

Mitos sobre el lenguaje corporal

Sobre el lenguaje corporal existen diversos mitos, en este artículo trataremos de desmitificar algunos de ellos.

1. El 90% de la información que recibimos es de forma no verbal

Una declaración bastante controvertida, que, sin embargo, se ha vuelto muy popular. Todo empezó cuando en los años 60, el profesor de psicología Albert Meyerabian decidió estudiar cómo percibimos las emociones de otras personas. 

A los participantes en el experimento se les leyeron palabras usando diferentes entonaciones y se les mostraron fotografías de personas con diferentes expresiones en sus rostros. Y luego les pidieron a los participantes que dijeran qué emociones “leían”. 

Basado en sus respuestas, Meyerabian concluyó que percibimos los sentimientos y estados de ánimo de otras personas principalmente debido a expresiones faciales, posturas, entonaciones y puntos de vista. Sin embargo, se empezó a citar esta conclusión fuera de contexto, como si él se hubiera referido a cualquier tipo de información.

Pero luego él mismo aclaró que se trataba exclusivamente de emociones y, en particular, de cómo entendemos si le agradamos o no a una persona.

Después de todo, si recibiéramos el 90% de la información de forma no verbal, podríamos ver una película en cualquier idioma sin traducción. Pero por alguna razón esto no es posible.

Te puede interesar leer el artículo sobre como mejorar tu lenguaje corporal para conseguir tus objetivos.

2. Una persona que miente no te mira a los ojos

“¡¿Estás mintiendo de nuevo?! ¡Mírame a los ojos!” – probablemente hayas escuchado algo como eso varias veces. Especialmente en la infancia, por ejemplo, cuando con miedo le dijiste a la maestra que habías olvidado el cuaderno con tu tarea en casa. Sin embargo, la afirmación de que los mentirosos evitan el contacto visual en realidad no es tan falsa.

Los niños pequeños y los mentirosos sin experiencia realmente tratan de no mirar al interlocutor cuando mienten. Pero la mayoría de los adultos, especialmente aquellos que ya tienen un “cinturón negro” para las mentiras, te mirarán con los ojos más puros y genuinamente sinceros. Y ni siquiera sospecharás que te están engañando.

Los mentirosos experimentados establecen fácilmente contacto visual directo y parecen muy relajados y tranquilos.

Además, si una persona mira hacia otro lado durante una conversación, esto no significa que esté pensando en cómo mentir. Quizás solamente esté avergonzado. O tal vez tenga un trastorno del espectro autista o problemas para concentrarse.

Además, cuando le dices a alguien una verdad desagradable, también puede ser difícil mirarlo a los ojos, por el miedo a cómo reaccionará la persona.

3. Si una persona con la que hablas mira hacia la izquierda, te está mintiendo

Sería genial poder comprender de inmediato que nos están engañando. Si una persona mira hacia un lado, se rasca la nariz o se pasa la mano por el cabello, eso es todo, significa que hay un mentiroso frente a ti. Pero, por desgracia, las cosas no funcionan de esa manera.

Es difícil decir de dónde vino esta idea de que por la dirección de la mirada es posible determinar si el interlocutor está diciendo la verdad. Quizás esta idea se formuló por primera vez en libros sobre programación neurolingüística (PNL).

El PNL – es una técnica Pseudocientífica que incluye varias técnicas psicológicas y que supuestamente te permite establecer comunicación, manipular a las personas y ser más exitoso. Sin embargo, los científicos llegaron a la conclusión de que la mayoría de sus teorías y técnicas son ineficaces.

Una de estas teorías declara precisamente que si una persona miente, mirará hacia la izquierda y hacia arriba. Pero en la práctica, esta idea no se confirmó. Durante los experimentos resultó que no hay conexión entre los movimientos oculares y la veracidad de las declaraciones.

4. Cruzarse de brazos es una postura protectora

Cuenta la leyenda que si una persona cruza los brazos sobre el pecho, significa que se cierra a los demás, se siente incómodo o incluso que muestra hostilidad. Esta idea se ha replicado en la literatura parapsicológica durante muchos años. Llegó al punto de que la gente tiene miedo de cruzarse de brazos en público; porque de pronto, los demás decidirán que algo anda mal con ellos.

Pero ¿Por qué lo hacemos realmente? Los psicólogos consideran que la gente cruza los brazos sobre el pecho por una variedad de razones. A veces, simplemente lo hacemos para calmarnos, lidiar con la ansiedad, la impaciencia o el miedo. 

Y a veces lo hacemos porque copiamos inconscientemente el gesto del interlocutor, o intentamos calentarnos, o simplemente nos sentamos en una silla incómoda sin apoyabrazos y no sabemos dónde poner las manos. En pocas palabras, no hay una interpretación inequívoca de este gesto.

Es imposible traducir el lenguaje corporal de la misma manera que traducimos palabras extranjeras: el contexto de la situación y las peculiaridades del carácter de una persona juegan un gran papel. Y si, al comunicarse contigo, alguien entrelaza los brazos sobre el pecho, esto no significa necesariamente que no le agrades.

5. La pose de la Mujer Maravilla puede ayudarte a sentirte más seguro

En 2012, la psicóloga social Amy Cuddy dijo que las poses no solo reflejan nuestro estado, sino que, por el contrario, pueden moldearlo. En particular, la pose de la Mujer Maravilla (pies separados al ancho de los hombros, manos descansando en las caderas, hombros estirados, barbilla levantada) cambia el estado hormonal de una persona y la hace más orientada a objetivos y confiada.

La idea causó una fuerte resonancia y se difundió rápidamente. Incluso se ha utilizado en programas de cine y televisión. 

Y, por supuesto, esta teoría no fue ignorada por los científicos, quienes iniciaron una aguda investigación científica para determinar su veracidad. Para esto, los investigadores replicaron el experimento de Cuddy y no encontraron evidencia de que la postura aumentara los niveles de testosterona.

Es cierto que el punto de esta historia aún no se ha expresado: algunos científicos creen que hay algo de verdad en la hipótesis de Cuddy y están trabajando en una metodología para una nueva investigación. En general, todo es muy confuso. Y no hay garantía de que la pose de fuerza realmente te ayude a ser más fuerte.