Para cualquier amante de las bibliotecas, el aroma de un libro antiguo es sinónimo de nostalgia y conocimiento. Sin embargo, detrás de ese olor característico no solo hay polvo y tiempo. La ciencia ha descubierto que el proceso de degradación del papel libera una serie de compuestos que, en espacios cerrados o colecciones grandes, pueden convertirse en un riesgo real para la salud pulmonar.

Si eres de los que disfruta recorrer librerías de viejo o guardas tesoros familiares en papel, es vital que conozcas qué estás inhalando realmente y cómo proteger tus pulmones sin deshacerte de tus ejemplares favoritos.
El origen del peligro: Los Compuestos Orgánicos Volátiles (COV)
A diferencia de los libros modernos, los ejemplares impresos entre mediados del siglo XIX y finales del XX se fabricaron con papel de pulpa de madera ácida. Con el paso de las décadas, la lignina y la celulosa del papel se descomponen, liberando sustancias químicas conocidas como Compuestos Orgánicos Volátiles (COV).
Ese olor dulce, con notas de vainilla y almendra, proviene de la degradación de polímeros que liberan compuestos como el benzaldehído y el furfural. Si bien el olor es agradable, la inhalación constante de estos gases en habitaciones con poca ventilación puede causar:
- Irritación crónica de las mucosas nasales.
- Fatiga y dolor de cabeza (conocido como el síndrome del edificio enfermo aplicado a bibliotecas).
- Exacerbación de cuadros asmáticos.
Además de los gases, el papel antiguo atrae esporas de moho imperceptibles y ácaros del papel que se alimentan del pegamento de las encuadernaciones, creando un cóctel de alérgenos que afecta especialmente a personas con defensas bajas o problemas respiratorios previos.
El truco casero: El método del “Baño Seco” con Bicarbonato

Si has adquirido un libro que huele demasiado fuerte o parece tener humedad, no uses aerosoles químicos, ya que el líquido dañará las fibras del papel y las tintas. Existe un truco casero, utilizado por restauradores, que neutraliza los ácidos y absorbe las toxinas de forma segura.
Lo que necesitas:
- Una bolsa hermética grande (tipo Ziploc) o un recipiente de plástico con tapa.
- Bicarbonato de sodio (un potente neutralizador de ácidos y olores).
- Un recipiente más pequeño que quepa dentro de la bolsa o caja.
Instrucciones:
- Coloca el bicarbonato de sodio en el recipiente pequeño.
- Pon el libro dentro de la bolsa grande o el contenedor de plástico.
- Coloca el recipiente con bicarbonato a un lado del libro (asegúrate de que el polvo no toque directamente las hojas).
- Cierra herméticamente y deja reposar en un lugar seco durante una semana.
- El bicarbonato actuará como una esponja química, absorbiendo los gases ácidos y las toxinas volátiles que desprende el papel.
Otras formas naturales de mantener tus libros (y tus pulmones) a salvo

Para evitar que tus libros se conviertan en una fuente de contaminación en el hogar, aplica estas medidas de mantenimiento natural:
- Congelación preventiva para ácaros: Si sospechas que un libro viejo tiene insectos o ácaros, colócalo en una bolsa sellada y mételo al congelador por 24 horas. El frío extremo mata a los organismos sin dañar el papel.
- Hojas de laurel como repelente: Coloca un par de hojas de laurel seco entre las páginas o detrás de los libros en la estantería. El laurel actúa como un repelente natural contra los “pececillos de plata” y otros insectos bibliófagos que transportan alérgenos.
- Uso de carbón activado: Si tienes una estantería grande, coloca pequeños trozos de carbón activado en las esquinas traseras. El carbón es aún más potente que el bicarbonato para filtrar los Compuestos Orgánicos Volátiles del aire de la habitación.
- Exposición controlada al sol: Un libro con olor a humedad puede beneficiarse de 20 minutos de sol directo (en un ambiente seco). Los rayos UV ayudan a eliminar bacterias y hongos, pero no excedas este tiempo para evitar que las páginas se vuelvan quebradizas o se decoloren.
Mantener una biblioteca saludable requiere entender que el papel es un material vivo en constante cambio químico. Con una ventilación adecuada y estos trucos de limpieza, podrás seguir disfrutando del placer de leer sin que tu salud respiratoria pague el precio del paso del tiempo.
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