Por qué los frutos secos se han vuelto últimamente una potencial fuente de alergias

En los últimos treinta años, la alergia a los frutos secos —tanto al cacahuate (técnicamente una legumbre, pero clasificado junto a las nueces por su perfil alergénico) como a nueces de árbol como almendra, nuez, avellana o pistacho— ha dejado de ser un caso raro para convertirse en una de las alergias alimentarias más comunes y persistentes en países industrializados.

No es percepción: la evidencia epidemiológica respalda un aumento real, y la ciencia ha identificado varios mecanismos que ayudan a explicarlo, aunque ninguno por sí solo cuenta toda la historia.

Un aumento real, no solo mejor diagnosticado

Parte del aumento aparente se debe a que hoy se diagnostica mejor que hace treinta años. Pero los estudios de seguimiento poblacional en Estados Unidos, que repiten la misma metodología cada década, muestran que la prevalencia de alergia a cacahuate y nueces de árbol ha seguido subiendo de forma consistente, no solo porque se detecte más, sino porque efectivamente hay más casos nuevos.

A nivel general, las alergias alimentarias afectan hoy a una proporción considerable de niños y adultos en el mundo desarrollado, muy por encima de las cifras registradas a mediados del siglo pasado.

La hipótesis de la higiene: la explicación más conocida (y la más incompleta)

La explicación más popular es la llamada “hipótesis de la higiene”: en sociedades con menos exposición a infecciones y microbios durante la infancia, el sistema inmune —que necesita ese entrenamiento temprano para calibrarse— tiende a desviarse hacia respuestas de tipo alérgico.

Es una hipótesis con base real y coherente con el hecho de que la alergia alimentaria es mucho más común en países industrializados que en países en desarrollo. Sin embargo, los propios investigadores del área advierten que esta hipótesis, por sí sola, no explica el aumento tan pronunciado ni tan específico de las alergias a frutos secos. Por eso la comunidad científica ha ampliado el foco hacia otros mecanismos más recientes y mejor documentados.

El giro más importante: la “hipótesis de la doble exposición”

Uno de los hallazgos que más cambió la forma de entender —y prevenir— la alergia a los frutos secos es la llamada hipótesis de la doble exposición al alérgeno.

La idea central: cuando la piel (especialmente piel dañada, como ocurre en la dermatitis atópica o eccema infantil) entra en contacto con proteínas de cacahuate —por ejemplo, presentes en el polvo doméstico—, el sistema inmune tiende a “aprender” a reaccionar contra esa proteína como amenaza. En cambio, cuando el cacahuate se introduce por vía oral en la dieta a edad temprana, el sistema inmune tiende a desarrollar tolerancia.

Este mecanismo ayuda a explicar una observación muy citada en la literatura: niños judíos en Israel, donde el cacahuate se introduce en la dieta infantil desde muy temprano en forma de un snack llamado Bamba, mostraron una prevalencia mucho menor de alergia al cacahuate que niños genéticamente similares en el Reino Unido, donde durante años se recomendó justamente lo contrario: evitar el cacahuate en la primera infancia.

El cambio de recomendaciones médicas: de evitar a introducir

Esa observación llevó a un ensayo clínico de gran escala (conocido como el estudio LEAP) que comparó a bebés de alto riesgo (con eccema severo o alergia al huevo) que evitaban el cacahuate frente a bebés que lo consumían regularmente desde los primeros meses de vida.

El resultado fue significativo: la introducción temprana redujo de forma marcada el desarrollo posterior de alergia al cacahuate, comparado con la evitación. Esto llevó a que las guías pediátricas internacionales revirtieran por completo la recomendación anterior: hoy, la mayoría de las sociedades de alergología recomiendan introducir el cacahuate en la dieta de forma temprana (con supervisión médica en bebés de alto riesgo), justo lo contrario de lo que se aconsejaba hace veinte años.

Otros factores bajo investigación

La literatura reciente también señala otros factores que podrían estar contribuyendo al aumento, aunque con niveles de evidencia distintos:

  • Exposición por vía respiratoria: estudios recientes sugieren que la inhalación de partículas de alérgenos alimentarios en el aire, combinada con inflamación de la vía aérea, podría ser una tercera vía de sensibilización, sumada a la piel y el intestino.
  • Contaminación del aire: un estudio en niños preescolares en China encontró una asociación entre la exposición a contaminación del aire interior y exterior (incluyendo humedad, moho y partículas relacionadas con tráfico) y un mayor riesgo de alergia alimentaria, aunque se trata de un estudio observacional que no establece causalidad directa.
  • Déficit de vitamina D y otros factores dietéticos: revisiones recientes mencionan la insuficiencia de vitamina D, el tipo de grasas en la dieta moderna y la obesidad como factores de riesgo potencialmente modificables, aunque la evidencia aquí es menos concluyente que la del mecanismo de doble exposición.
  • Mutaciones del gen de filagrina: esta proteína es clave para mantener la barrera cutánea intacta. Los niños con mutaciones que debilitan esa barrera muestran mayor riesgo de sensibilización cuando hay proteínas de cacahuate en el entorno del hogar, lo que refuerza la conexión entre piel dañada y alergia alimentaria.

Lo que esto significa en la práctica

Ningún mecanismo por sí solo explica el fenómeno completo, y la propia comunidad científica lo reconoce así: no hay una teoría unificada, sino varios factores que probablemente interactúan entre sí (genética, momento de exposición, vía de exposición, entorno).

Lo que sí ha cambiado de forma concreta, respaldado por evidencia clínica sólida, es la recomendación práctica: retrasar la introducción de frutos secos en la dieta infantil ya no se considera una medida preventiva, y en el caso del cacahuate, la evidencia apunta en la dirección contraria.

Como siempre, decisiones sobre introducción de alérgenos en bebés con dermatitis atópica, alergia al huevo u otros factores de riesgo deben consultarse con un pediatra o alergólogo, especialmente porque las guías varían según el perfil de riesgo de cada niño.

Referencias

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  6. Gupta, R.S., Warren, C.M., Smith, B.M., et al. Prevalence and Severity of Food Allergies Among US Adults.

Este artículo tiene fines informativos. Las decisiones sobre introducción de alérgenos en la dieta infantil deben consultarse con un pediatra o alergólogo.