¿Por qué seguimos culpando a nuestros padres y no tomamos el control?

Se solía considerar algo escandaloso hacerle reclamos a mamá y papá. “¡Como te atreves, los padres son sagrados!” Ahora la situación ha cambiado y las nuevas generaciones han empezado a quejarse de ellos no solo en sus hogares o en la oficina del psicoterapeuta, sino también en blogs, en entrevistas, en libros.

Por qué los hijos culpan a sus padres

Algunas personas piensan que esta es solo otra tendencia. Mucha gente opina que solo las personas infantiles e ingratas tienen este tipo de comportamiento, sin embargo, esto es catastróficamente incorrecto, ya que las cosas no son así de sencillas.

¿Por qué cada vez más la gente a nuestro alrededor se queja de sus papás?

En los lejanos tiempos anteriores a Internet, cada persona estaba encerrada en su micro-sociedad: en la familia, en el colectivo laboral, en los grupos de interés. En ese entonces se consideraba indecente hablar abiertamente sobre problemas domésticos: uno no puede lavar su ropa sucia en público. Por lo tanto, no había forma de saber cómo vivía la gente a puerta cerrada. Y es por esto que, no era tan sencillo comparar tu vida con la de otras personas.

Si una persona era maltratada por sus padres, en la mayoría de los casos habrá crecido con la plena confianza de que simplemente las cosas no podían ser de otra manera.

Afortunadamente, este no es el caso ahora. Contamos con libros sobre la crianza de los hijos y las relaciones entre padres e hijos. En ellos, puedes leer sobre qué comportamiento se considera tóxico y dañino para tu hijo, y muchas veces es fácil reconocer en estas descripciones tu propia infancia. 

También contamos con información de psicólogos que hablan sobre cómo lidiar con las emociones, los comportamientos incorrectos de los padres y el trauma infantil. Contamos con blogs y comunidades en las redes sociales, donde las personas comparten sus experiencias, hablan sobre la infancia y los agravios de sus padres.

Finalmente tenemos la oportunidad de mirar por la ventana hacia la vida de otras personas y correlacionar nuestra situación con la de los demás. Esto ayuda a reconocer las relaciones patológicas con los padres y a comprender que muchos problemas de los adultos se derivan de esto.

1. Tenemos más libertad

Es difícil imaginar los tiempos pasados en los que si alguien contara públicamente cómo su madre lo obligaba a tocar un instrumento entre lágrimas, el padre lo golpeaba con un cinturón y la abuela le decía: “No eres nadie en esta casa y no tienes voto” lo tacharían de mentiroso o exagerado.

Ahora es más fácil para una persona hacer este tipo de confesiones. Mucha gente ha abandonado los estereotipos sin sentido como el “¡No puedes hablar mal de tus padres, ellos te criaron!”. Hemos aprendido a aceptar nuestras emociones y expresarlas sin dañar a los demás, en lugar de reprimirlas.

Como resultado, la gente habla cada vez más sobre cómo fueron tratados cuando eran niños. Al observar esto, muchas otras personas se dan cuenta de que también tienen algo que decir.

2. Tenemos más espacio para pensar

Los millennials y los zoomers tienen una vida algo más simple que la de sus padres. Las generaciones más jóvenes no tuvieron la oportunidad de presenciar los noventa, las guerras y las numerosas crisis económicas. No tuvieron que trabajar en varios lugares a la vez para criar a un niño, ni dejar sus trabajos en institutos de investigación, porque no les han pagado un salario desde hace cuatro meses, o tener que vender verduras en el mercado.

Vivir en relativa estabilidad crea condiciones para la reflexión.

Las generaciones anteriores simplemente no tenían el tiempo ni los recursos para detenerse, analizar sus sentimientos y problemas y pensar de dónde venían. La gente que ahora tienen entre 15 y 40 años cuenta con estos recursos.

3. Tenemos más apoyo

Hoy en día las personas aprenden a comunicarse entre sí sin manipulación ni coacción, a no devaluar los sentimientos de otras personas, y a apoyar a sus seres queridos. Si en tu propio entorno no encuentras a alguien que te escuche y te comprenda, existe la posibilidad de encontrar un grupo de apoyo en las redes sociales. 

O acudir a un psicólogo: finalmente la terapia ha dejado de ser considerada un capricho o algo por lo que tengas que avergonzarte. Y si hay apoyo, es mucho más fácil permitirse estar enojado o molesto.

¿Cuál es el lado bueno de estar en desacuerdo con tus padres?

Como casi todo lo que nos sucede en la vida, existe el lado positivo, o del cual se puede tomar un provecho para mejorar nuestras actitudes y la calidad de nuestros pensamientos. Estas son algunas de las cosas positivas que tiene el dejar que nuestras emociones se expresen y sentirlas sin prejuicios.

Nos sentimos mejor

Es natural sentirse resentido y enojado. Estos son los mismos sentimientos que todos los demás, prohibirte experimentarlos es contraproducente y un camino directo a los trastornos mentales.

Sintiendo nuestro resentimiento y rabia, aprendemos a aceptarnos a nosotros mismos y a nuestras emociones, darles rienda suelta y mejorar nuestro bienestar a largo plazo.

Podemos ser mejores padres para nuestros hijos

El resentimiento ayuda a prevenir los errores que cometieron nuestros padres y madres. Sobre todo si no solo estamos enojados, sino que analizamos la situación: qué hicieron nuestros padres, por qué estuvieron mal, qué sentí en ese momento, cómo afecta mi vida ahora, y qué puedo hacer para no comportarme así con mis hijos.

Nos volvemos más libres

La ira es un gran motivador para quienes quieren escapar de la presión de sus padres. Con esta emoción, es más fácil detener la manipulación, aprender a defender tus límites o aumentar la distancia si la relación es completamente tóxica. Esto te ayudará a volverte más fuerte, más seguro y más feliz.

Nos animamos a construir la relación con nuestros padres

Paradójicamente, si hay tensión en la relación, la confrontación abierta es la que puede “curarla”. Es cierto que esto no sucederá de inmediato y el resultado es impredecible en cualquier caso. Al principio, ambas partes tardarán mucho en decirse lo que piensan. Entonces comenzarán las lágrimas, el resentimiento y el silencio. Y luego, quizás, será posible construir un diálogo constructivo, pedir perdón y establecer nuevas reglas de comunicación.

¿A dónde nos puede llevar el resentimiento?

También hay una desventaja del resentimiento contra los padres. A veces, una persona está tan concentrada en sus experiencias negativas que simplemente corre en un círculo entre la ira, el resentimiento y la autocompasión, pero no puede dejarlas ir y seguir adelante. La persona en sí misma en tiene la culpa de esto: las emociones lo capturan, por lo que es imposible hacer frente al problema sin ayuda externa.

Además, siempre existe la tentación de simplemente culpar a los padres por todo el mal en sus vidas, transferirles la responsabilidad de todos sus problemas y deponer sus garras.

“¿Cómo puedo encontrar un trabajo normal si mi madre me sobre protegió y ahora no soy seguro de mí mismo?” Quienes no experimentan dulzura en la relación con sus padres a menudo pasan por esta etapa de autocompasión agridulce.

Y es importante vivirla y al final llegar a una conclusión: “Sí, mis padres se equivocaron, y esto es muy triste. Pero la responsabilidad de todo lo que sucederá en mi vida más allá recae solo en mí “.

Cómo dejar ir el resentimiento

Esto es lo que recomiendan los psicólogos:

1. Reconoce tus sentimientos

Tienes todo el derecho a experimentar ira, resentimiento, decepción, tristeza. Y no importa lo dolorosas que hayan sido las experiencias con tus padres: te obligaron a regresar a casa a más tardar a las seis, o te sometieron a abusos emocionales y físicos a lo largo de tu infancia. Ninguna de tus reacciones será incorrecta o exagerada. Recuerda que no estás inventando ni dramatizando. Si tienes sentimientos, son naturales.

2. Expresa tus sentimientos

Piensa en la forma en que te sientas más cómodo haciendo esto. Puede ser desde escribir un diario personal, hablar con tus amigos, o ir a un psicoterapeuta.

Cuando decidas dar rienda suelta a tus preocupaciones, te resultará más fácil seguir adelante y tal vez incluso encontrar apoyo. Pero recuerda, a algunas personas puede que no les guste la expresión pública. Si no estás listo para hacer frente a la devaluación, las bromas inapropiadas y la crítica, es mejor elegir un método más seguro.

3. Establece límites en tu relación con tus padres

Ponles alto a las palabras y acciones que no te gustan, aprende a decir que no, a hablar y aléjate si la comunicación duele durante esta etapa. Este es un trabajo muy grande y difícil que puede llevar más de un mes. 

Para aprender a defenderte y marcar tus límites es muy importante decidir tener una conversación seria con tus padres y contarles todo lo que has guardado.

4. Busca ayuda

Puede ser difícil lidiar con los sentimientos y el dolor por tu cuenta. Si este es el caso, busca un buen terapeuta con el que te sientas cómodo. Él puede ayudarte a entenderte a ti mismo, a lidiar con el resentimiento y la ira y a redefinir tu relación con tus padres.