Los ojos pueden ayudar a los médicos a detectar la aparición de la enfermedad de Alzheimer, según lo pudieron revelar recientes investigaciones.

Durante años, la única forma de detectar los depósitos de proteína amiloide característicos del Alzheimer era mediante escáneres cerebrales costosos (PET) o punciones lumbares.
En la última década, un área de investigación ha cobrado fuerza con una premisa distinta: la retina, la capa de tejido en el fondo del ojo, comparte origen embrionario y características anatómicas con el cerebro, lo que la convierte en una posible “ventana” hacia lo que ocurre dentro de él, mucho más accesible y no invasiva.
Lo que encontró el estudio de la Universidad de California en San Diego
El hallazgo más citado en este campo proviene de un equipo liderado por el Dr. Robert Rissman, profesor de neurociencias en la Facultad de Medicina de la UC San Diego y director del núcleo de biomarcadores del Estudio Cooperativo de la Enfermedad de Alzheimer.
El equipo comparó imágenes de retina con escáneres cerebrales de amiloide (PET) en participantes de dos programas de investigación sobre demencia, y publicó los resultados en la revista Alzheimer’s & Dementia en agosto de 2021.
El hallazgo central: las personas que mostraban manchas de amiloide visibles en las imágenes de su retina también tendían a presentar niveles más altos de amiloide en sus escáneres cerebrales. Es un dato relevante, pero conviene dimensionarlo correctamente: se trató de un análisis inicial y transversal, con un grupo pequeño de apenas ocho pacientes, tal como el propio Dr. Rissman se encargó de aclarar al presentar los resultados.
Su conclusión no fue que ya exista una prueba ocular lista para diagnosticar Alzheimer, sino que estos resultados son alentadores porque sugieren que, en el futuro, podría ser posible aproximar el inicio y la progresión de la enfermedad mediante imágenes de retina, en lugar de escáneres cerebrales más difíciles y costosos.
El propio equipo señaló que el siguiente paso necesario era un estudio de mayor tamaño.
¿Qué ha mostrado la investigación más reciente?
Estudios posteriores, recogidos en revisiones publicadas en revistas como Alzheimer’s & Dementia y en la literatura especializada indexada en PMC, han identificado depósitos de proteína beta-amiloide y ovillos neurofibrilares —las dos marcas biológicas distintivas del Alzheimer— directamente en las capas de la retina de pacientes con la enfermedad, no solo en su correlación con el cerebro.
Un dato particularmente relevante: estas acumulaciones en la retina pueden aparecer hasta 20 años antes del inicio de los síntomas cognitivos, lo que respalda la idea de que la retina podría servir como una vía de detección temprana, en la etapa preclínica de la enfermedad.
Las técnicas de imagen han avanzado en paralelo. La tomografía de coherencia óptica (OCT) y su variante angiográfica (OCTA) permiten hoy visualizar la retina y sus vasos sanguíneos con un alto nivel de detalle, de forma no invasiva.
Con OCTA, los investigadores han observado un ensanchamiento de la zona avascular foveal (el área central de la retina sin vasos sanguíneos) y una menor densidad y flujo de los capilares retinianos, alteraciones que se correlacionan con la presencia de placas amiloides.
Estos cambios microvasculares y de espesor retiniano se han detectado incluso en fases preclínicas, particularmente en personas portadoras del alelo APOE ε4, la variante genética más asociada al riesgo de Alzheimer.
Por qué todavía no es una prueba diagnóstica
A pesar de lo prometedor de estos hallazgos, la investigación en este campo enfrenta limitaciones reales que impiden, por ahora, convertir estas técnicas en una prueba diagnóstica de uso clínico:
- Los estudios disponibles siguen siendo, en su mayoría, de tamaño reducido.
- La obtención de imágenes precisas se complica en personas con enfermedades oculares frecuentes en la vejez, como la degeneración macular o el glaucoma, que pueden confundir o interferir con los hallazgos relacionados con el Alzheimer.
- Se requieren protocolos estandarizados y estudios más amplios, tanto transversales como a largo plazo, para confirmar qué tan fiable es esta relación entre el ojo y el cerebro en la práctica clínica.
Qué significa esto en la práctica
Por ahora, ningún examen de la vista por sí solo puede diagnosticar o descartar un Alzheimer temprano. Lo que sí está claro es que este campo de investigación —conocido dentro de la comunidad científica como “el ojo como biomarcador del Alzheimer”— avanza con rapidez y podría, en los próximos años, convertirse en una herramienta complementaria de detección temprana, más accesible que un PET cerebral.
Mientras eso ocurre, mantener revisiones oftalmológicas regulares sigue siendo valioso por sus beneficios ya comprobados para la salud visual, y ante cualquier preocupación por pérdida de memoria u otros síntomas cognitivos, la vía diagnóstica adecuada continúa siendo la evaluación neurológica.
Nota: Este artículo fue actualizado el día 4 de agosto de 2026.
Fuentes
- UC San Diego Health. Eyes Provide Peek at Alzheimer’s Disease Risk: https://health.ucsd.edu/news/press-releases/2020-08-23-eyes-provide-peek-at-alzheimers-disease-risk/
- Infosalus / Infobae. Los depósitos de proteínas en la retina podrían ayudar a una detección más fácil y rápida de Alzheimer: https://www.infosalus.com/salud-investigacion/noticia-detectar-alzheimer-mirando-ojos-20210830071935.html
- Infobae. Los biomarcadores oculares permiten identificar el Alzheimer antes del daño cerebral irreversible: https://www.infobae.com/salud/ciencia/2026/03/01/los-biomarcadores-oculares-permiten-identificar-el-alzheimer-antes-del-dano-cerebral-irreversible/
- Instituto Oftalmológico Gómez-Ulla. Las imágenes de retina pueden ser útiles como biomarcador para detectar el riesgo de Alzheimer en edad temprana: https://institutogomez-ulla.es/las-imagenes-de-retina-pueden-ser-utiles-como-biomarcador-para-detectar-el-riesgo-de-alzheimer-en-edad-temprana/
- Alzheimer’s & Dementia (Wiley). Retina pathology as a target for biomarkers for Alzheimer’s disease: https://alz-journals.onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1002/alz.13529
