Los efectos negativos de una crianza llena de gritos

Los gritos, por parte de los padres, pueden traer consecuencias negativas para el niño y no solo a corto plazo.

Puede ser hasta considerado normal, que, eventualmente, se les pueda dar un grito a los niños, ya sea como llamado de atención ante un peligro, o para dejar en claro un límite que no se debe romper. Sin embargo, la educación basada en constantes gritos, violencia y agresión verbal, nunca será justificada, y los niños tendrán graves consecuencias por tal forma educación.

La mayoría de las personas, por cultura, crianza o su entorno directo, ha visto la educación de los niños como un escenario en el cual incurrir a los gritos y lleno de amenazar. Sin embargo, esto es un gran error. Los expertos señalan que si bien la violencia (incluso pegar en el trasero) se ha vuelto tabú en muchas sociedades, los gritos siguen siendo «normales» en el contexto de la educación.

“Los padres creen que esto hará que sus hijos los escuchen, cuando en realidad sucede todo lo contrario”.

Gritar a tus hijos no los hará menos traviesos

En realidad empeorará las cosas. Así lo avala, entre otras cosas, un estudio de las Universidades de Pittsburgh y Michigan, según el cual “los niños cuyos padres utilizan los gritos y las duras reprimendas verbales tienden a aumentar sus problemas de conducta, mientras que los niños experimentan posteriormente síntomas de depresión”.

Esta investigación también coincide con muchos psicólogos para quienes los niños que son víctimas de violencia verbal por parte de sus padres son muy propensos a desarrollar este tipo de problemas psicológicos durante la adolescencia, así como problemas de comportamiento, como la indiferencia en la escuela, el uso del recurso de la mentira, el robo, los arranques de ira, las peleas con otros niños, etc.

Los gritos son una forma de violencia

En particular, los padres que gritan a sus hijos les causan problemas similares a los de la violencia, aumentando las posibilidades de depresión y comportamiento agresivo. Y lo principal: incluso una relación buena y cálida entre padres e hijos, no los protege de los efectos de ser gritados y etiquetados como «perezosos», «estúpidos», etc.

Como señala Ming-Te Wang, profesor asistente de educación y psicología en la Universidad de Pittsburgh, señala: «Los gritos no pueden reducir o corregir los problemas de conducta. En cambio, empeoran las cosas».

Los padres que quieran cambiar el comportamiento de sus hijos deben tratar de comunicarse con ellos en igualdad de condiciones, explicándoles sus razonamientos y preocupaciones.