Perfumes ambientales y de tiendas comerciales: el impacto real en la salud física y mental

Ambientadores, difusores, velas aromáticas y los aromas intensos que muchas tiendas usan para ambientar sus locales se presentan casi siempre como algo agradable e inofensivo.

Detrás de esa palabra genérica —”fragancia”— hay, sin embargo, una de las categorías de productos de consumo menos reguladas y menos transparentes que existen, y un cuerpo de investigación científica cada vez más amplio que documenta efectos que van mucho más allá de un dolor de cabeza ocasional: alteraciones hormonales medibles y asociaciones con el desarrollo neurológico infantil y la salud mental en adultos.

La opacidad detrás de la palabra “fragancia”

En Estados Unidos y buena parte del mundo, ninguna ley obliga a los fabricantes a revelar los ingredientes específicos de una fragancia en la etiqueta de un producto.

Basta con escribir la palabra genérica “fragancia” o “perfume”, término que legalmente puede representar una mezcla de docenas o incluso cientos de compuestos químicos distintos, según documenta una revisión publicada en International Journal of Environmental Research and Public Health. Esta falta de transparencia no es un detalle menor: es la puerta de entrada para que compuestos con efectos biológicos documentados —como los ftalatos— circulen en productos de uso cotidiano sin que el consumidor tenga forma de saberlo.

Los ftalatos: qué son y por qué se usan en las fragancias

Los ftalatos son una familia de compuestos químicos que, dentro de las fragancias, cumplen una función muy específica: actúan como fijadores, evitando que el aroma se evapore demasiado rápido y prolongando su duración en el ambiente, la ropa o la piel. El dietilftalato (DEP) es, según distintas revisiones científicas, uno de los más utilizados con este propósito específico en perfumería y ambientadores.

El problema es que los ftalatos no son químicamente inertes: son reconocidos disruptores endocrinos, es decir, compuestos capaces de interferir con el sistema hormonal del cuerpo. Según explica una revisión publicada en la revista científica Toxics, su estructura molecular —concretamente el anillo de benceno presente en el ácido ftálico— es lo suficientemente similar a la de hormonas esteroideas como el estrógeno y la testosterona como para poder acoplarse a los receptores hormonales de las células, interfiriendo con las señales hormonales normales del organismo.

Lo que muestra la evidencia sobre disrupción hormonal

La Sociedad de Endocrinología (Endocrine Society), la principal organización profesional mundial dedicada al estudio de las hormonas, resume así el estado de la evidencia sobre los ftalatos: reducen los niveles de testosterona y estrógeno, bloquean la acción de la hormona tiroidea, y se han identificado como tóxicos reproductivos, asociados con menor tasa de embarazo, mayor tasa de aborto espontáneo, anemia, preeclampsia, menopausia temprana y niveles anormales de hormonas sexuales.

Una revisión publicada en la base de datos PubMed Central de los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. (NIH) detalla que estudios en cohortes humanas han encontrado asociaciones entre la exposición a ftalatos y una peor calidad seminal, mayor riesgo de aborto espontáneo, y —en un hallazgo particularmente documentado— alteraciones en el desarrollo genital de fetos varones cuando la madre presenta niveles más altos de metabolitos de ftalatos durante el embarazo, medidos en orina.

Un estudio de biomonitoreo en 144 adultos noruegos, citado en una revisión de 2025 publicada en Frontiers in Toxicology, encontró detección generalizada de ftalatos —junto con parabenos, bisfenoles y filtros UV— en muestras de orina, con niveles de exposición vinculados a toxicidad hormonal y alteraciones metabólicas. Es un dato relevante porque confirma que estos compuestos no se quedan solo en la piel o el aire: se absorben y circulan por el cuerpo.

El desarrollo infantil: la evidencia más seria y mejor documentada

Aquí es donde la investigación científica es más extensa, más consistente entre distintos países, y más preocupante. Varios estudios de cohorte —el tipo de diseño que sigue a las mismas personas a lo largo del tiempo, considerado más robusto que un estudio puntual— han encontrado asociaciones entre la exposición prenatal a ftalatos (medida en la orina de la madre embarazada) y el desarrollo neurológico y conductual de sus hijos:

  • El Estudio de Cohorte Infantil de Odense (Dinamarca), publicado en Neurotoxicology and Teratology, encontró en 585 pares madre-hijo que los niños de 7 años cuyas madres tuvieron niveles más altos de ciertos metabolitos de ftalatos durante el embarazo obtuvieron, en promedio, 3 puntos menos de coeficiente intelectual (CI) que los niños con exposición baja, medido con subpruebas de la Escala Wechsler de Inteligencia para Niños. Algunos metabolitos específicos, medidos en la orina de los propios niños a los 7 años, se asociaron con reducciones de hasta 5,6 puntos de CI.
  • El Estudio de Cohorte Materno-Infantil de Taiwán, publicado en la revista Environmental Health Perspectives, encontró en 122 pares madre-hijo que la exposición prenatal a ftalatos se asoció con mayores puntuaciones de agresividad, problemas de atención y síntomas depresivos en niños de 8 años, evaluados mediante el Inventario de Comportamiento Infantil (CBCL), un instrumento clínico estandarizado.
  • Estudios realizados en Nueva York encontraron que niveles más altos de metabolitos de ftalatos en la orina materna durante el embarazo se asociaron con menor desarrollo motor y mental en niños de 3 años, y con mayores probabilidades de conductas de tipo internalizante (ansiedad, retraimiento) y externalizante (agresión, problemas de conducta) en niños de 4 a 9 años.
  • Una revisión de revisiones publicada en NeuroToxicology, que analizó el conjunto de la evidencia epidemiológica disponible, concluyó que existe evidencia “robusta” de asociación entre la exposición a ftalatos y alteraciones del neurodesarrollo infantil, y evidencia “moderada” de asociación específicamente con el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH).

Es importante ser precisos: estos estudios no prueban que un ambientador específico cause estos efectos por sí solo. Los ftalatos llegan al cuerpo desde múltiples fuentes —envases plásticos, productos de cuidado personal, materiales de construcción, juguetes— y las fragancias son una de esas fuentes, no la única. Pero sí confirman que la exposición acumulada a estos compuestos, presentes de forma reconocida en productos con fragancia, se asocia de forma consistente con el desarrollo neurológico infantil en múltiples poblaciones y países distintos.

Salud mental en adultos: una línea de investigación más reciente

La asociación entre ftalatos y salud mental en adultos es un área de estudio más nueva, pero ya cuenta con hallazgos concretos:

  • Un análisis de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición de Estados Unidos (NHANES), que incluyó a 7.340 adultos evaluados entre 2005 y 2018 con el cuestionario clínico validado PHQ-9, encontró una asociación entre la exposición a varios metabolitos de ftalatos y un mayor riesgo de síntomas depresivos.
  • Un análisis posterior con 9.618 adultos de la misma encuesta encontró una relación dosis-respuesta: a mayor concentración urinaria de ciertos metabolitos de ftalatos, mayor la probabilidad de presentar síntomas depresivos significativos.
  • Un estudio en 688 adultos mayores de 60 años en Tailandia, publicado en la revista Discover Mental Health, encontró que quienes tenían los niveles más altos de dos metabolitos específicos de ftalatos (MEHP y MnBP) presentaban una probabilidad de ansiedad significativamente mayor —más del triple, en el caso del MEHP— que quienes tenían los niveles más bajos, con una relación dosis-respuesta estadísticamente significativa.
  • Un estudio con mujeres embarazadas de EE. UU., usando también datos de NHANES, encontró que niveles más altos de prácticamente todos los metabolitos de ftalatos evaluados se asociaron con puntuaciones más altas de depresión durante el embarazo.

Como ocurre con los estudios en niños, estos son estudios observacionales: muestran una asociación estadística consistente y con relación dosis-respuesta —lo cual fortalece la plausibilidad de una relación real—, pero no aíslan el efecto de los ambientadores o perfumes específicamente, ya que miden la exposición total a ftalatos de cualquier fuente. Aun así, es un hallazgo que la ciencia toma en serio: los propios investigadores señalan que estudios previos en animales ya habían mostrado comportamientos de tipo depresivo asociados a la exposición a ftalatos, lo que da respaldo mecanístico adicional a lo observado en humanos.

Los efectos físicos ya conocidos, en contexto

Más allá de la disrupción hormonal, la exposición a productos con fragancia también está asociada con efectos respiratorios y neurológicos más inmediatos. Encuestas poblacionales representativas dirigidas por la investigadora Anne Steinemann, de la Universidad de Melbourne, y publicadas en la revista Air Quality, Atmosphere & Health, encontraron que 34,7% de los adultos estadounidenses reportan algún problema de salud —dificultad respiratoria, migraña, mareo— al exponerse a productos con fragancia, cifra que sube a 44% entre personas con asma diagnosticada y a 83,7% entre adultos autistas.

Una revisión meta-analítica de 49 estudios sobre compuestos orgánicos volátiles en interiores, publicada en International Journal of Environmental Research and Public Health, confirmó una asociación de tamaño moderado entre estos compuestos y el asma.

Un matiz necesario sobre “natural” o “sin fragancia”

Vale la pena aclarar dos confusiones comunes. Primero, que un producto se anuncie como “natural” u “orgánico” no garantiza ausencia de compuestos volátiles problemáticos: investigación previa de Steinemann encontró que productos con fragancia etiquetados como “verdes”, naturales u orgánicos también emitían contaminantes del aire considerados peligrosos.

Segundo, que la etiqueta “sin fragancia” (unscented) no siempre significa ausencia total de químicos de fragancia: en ocasiones se usan pequeñas cantidades de fragancia adicional únicamente para enmascarar el olor de otros ingredientes del producto. La etiqueta más confiable, según coinciden distintas fuentes especializadas, es “libre de fragancia” (fragrance-free), que indica que no se añadió ningún compuesto de fragancia al producto.

Recomendaciones prácticas

  • Priorizar la ventilación natural de los espacios en lugar de enmascarar olores con productos aromatizados.
  • Elegir productos etiquetados específicamente como “fragrance-free” o “libres de fragancia”, en lugar de confiar únicamente en las etiquetas “natural” o “sin fragancia”.
  • Prestar especial atención durante el embarazo y la primera infancia, dado que es la etapa donde la evidencia sobre efectos en el neurodesarrollo es más consistente.
  • En personas con asma, migrañas frecuentes o sensibilidad química conocida, identificar y evitar los productos específicos que desencadenan síntomas.
  • En espacios comerciales y laborales, considerar que una parte significativa de la población experimenta efectos reales frente a estos aromas, no solo quienes tienen un diagnóstico previo.

Fuentes

Disrupción endocrina y ftalatos en fragancias

Neurodesarrollo infantil

Salud mental en adultos

Efectos físicos y prevalencia